lunes, 5 de marzo de 2012

Pedacito de cielo enredado en mi pelo.

Tus dedos. Suaves. Aún huelen a la hierba que nos acabamos de fumar. Me acaricias despacito la frente, la nariz. Recorres mis labios, susurras mi nombre, y yo me muero por besarte. La cara, la frente, el cuello. Y tus labios. Cálidos. Arráncame esta locura. Que me consumo. El porro se apaga, mientras nosotros encendemos nuestra llama, más potente, y más feroz. Con ansias, con ganas. Ganas de nosotros mismos, de gemir como animales a ritmo acompasado. Y se nos pasa la noche. En mis sueños.

Y mil besos húmedos en mi piel.

Tocarte dulce con las manos. Acariciarte despacio, pero susurrante. Ardiente. Que me quemen por dentro las ganas de tu cuerpo. Contra el mío.
Y saberte duro y tenso a mi lado.
Querer tenerte, y saberlo imposible. Rozarte despacio, pensarte muy cerca. Sentirte tan dentro, y a la vez tan lejos. Quererte salvaje. Fumar de tu boca, beberme tus ojos. Saber que soy tuya. Que se nos escape el aire en un suspiro, y me sonrías travieso. Aroma salvaje, destellos voraces. 
Besos desesperados y mordiscos en los labios. Manos desatadas, y risas traviesas.