martes, 16 de junio de 2015

Yo sé.

Estar sin estar, mirar sin entender lo que estás viendo. Tocar con los dedos del alma, hablar con la mirada porque el sonido de tu eco te asusta. Inseguridad, temblores, la voz que no sabe decir lo que necesita. Un motivo no es motivo si no existe, si está basado en dudar, imaginar. La verdad es relativa en cada uno, pero los hechos son reales, son los que son. Lo tomas o lo dejas, no permitas a tus demonios crear realidades, hablar de sentimientos, manipular tu vida desde un mundo paralelo.

No te precipites, deja pasar las gordas orugas que sientes moviéndose en tu estómago, respira, duda, y sólo cuando sientas la verdad abriéndose camino, déjala salir. No te guardes nada, déjala escapar, temblar, vibrar las palabras en el aire, los sentidos en el cuerpo.

Siente que vuelas libre, por decir a tiempo lo que necesitas, por preguntar libremente lo que crees que te ocultan. Abre los ojos, por dentro, para conocer lo que sientes y lo que repudias, y abre los ojos, por fuera, para ver la realidad que palabras ajenas quieran ocultarte, para captar desde dentro lo que descubres desde fuera.

Ahora sólo quiero una realidad fácil, pasar de todo, ser feliz y no abrir más los ojos. Pero el tiempo pasa, la vida se me escapa, se consume, y la necesidad de abrir los ojos se hace más tangente, casi física, como la tensión que late entre mi cuerpo y el suyo, como el miedo que me da avanzar y temblar a cada paso. Me estoy pidiendo a gritos tirar p'alante, te destierro de lo más profundo de mi ser para ser capaz de conseguir que me sigas,