domingo, 21 de febrero de 2016

Hundirme en el barro y electrocutarme.

Hoy te he recordado surgiendo de un aliento, de un chispazo. De un crujido a través de los dedos. Recuerdo como casi podía ver las hebras plateadas de corriente eléctrica salir de mis dedos, gotear por las uñas, trepar hasta ti. Podía verlas creciendo a través de tus dedos, cubriendo despacio trozos de tu piel, subiendo brillantes hasta llegar a tu mirada. Recuerdo ese brillo eléctrico que subía por mis brazos y me quemaba, cortocircuitos debajo de las bragas; la humedad y los impulsos eléctricos. Mirar su mirada y no poder ver sus ojos, él me acariciaba más suavemente la palma de la mano, y yo sentía cada quemadura cauterizando el dolor que me nacía de dentro del corazón sin que lo viera sangrar.
 Pararme a escuchar a un alma capaz de hacer temblar la mía sólo con la yema de los dedos, capaz de descubrir en la palma de mi mano una central eléctrica de impulsos, capaz de generar emociones tan puras, tan sinceras en un cuerpo como temblar ante el sólo roce de unos dedos que reconoces, al recordar una piel en la tuya que nunca habías rozado antes. Nunca seré capaz de comprender que pasó entre esas dos almas que se encontraron sobre nosotros mientras se rozaban unos dedos.Imposible alcanzar a entender qué pasó sobre nosotros para que el resultado unos metros por debajo fuera tan puro y tan sucio a la vez. Porque cuando su electricidad rozó mi piel, cuando las yemas de sus dedos acariciaron mis manos, algo despertó dentro de nosotros, algo creció, se hinchó, y puto murió días después por mi culpa. He matado el único rastro de vida real al que he permitido nunca realmente atravesar mi corazón. Pero sé que la energía nunca muere y que la corriente que generamos un día, sin darnos ni cuenta, volverá a atraerse sola y chocará y nuestras almas saldrán de nuestros cuerpos otra vez, y cuando ese momento llegué, no acariciaré tus manos con la punta de mis dedos, sino que te atraparé en una espiral de corriente y humedad, a la que espero, no sobrevivas por pura voluntad.