domingo, 16 de diciembre de 2012

Sin anestesia.

Clavado en mi corazón, como una estaca. Es su lugar desde el día en que lo conocí. Es dónde vive. En mis fantasías, en mis sueños. Duerme cada noche en mis dedos suplicantes, respiro por sus labios.
Vivo esperando el momento en que aparezca entre mis sábanas, y no quiera huir de ellas.
El momento en el que sus dientes pasen a vivir en mis caderas, y sus suspiros sean la melodía más bella, la más escuchada en mi cabeza.
Pendiente de sus delirios, de sus días buenos. De aquello que desconozco, de sus misterios.
Pendiente de que pueda morderme la boca sin sentirse culpable.
Viviría arrodillada entre sus piernas, si me lo pidiera. Dejándome la piel, y hasta los huesos.
Soy la chica de las fantasías, de los sueños. Soy la seguidora de los delirios, y juro que no pararé hasta que sean míos. Que siga en mis sueños, permanezca en mi vida. Y que los días pasen. Yo tengo mi propio camino, y seguiré forjándolo. Pero le esperaré hasta que estalle mi corazón, le buscaré hasta quedarme sin sangre en las venas. Y cuando venga, me llenará de vida. Y tal vez, sea tarde. Para un nosotros. Para un, tú y yo. Para desgarrar madrugadas cada noche y dormir abrazados otra vez. Tal vez sea tarde, y mi cuerpo esté vacío, dolorido. Y aunque me llene de vida, todo sea una mentira. Y yo ya estoy cansada de vivir entre mentiras.

Pero seguiré pendiente de su hambre, de su sed. Seguiré recordándole cada noche, mientras él le da su vida a otra, y sólo me sonríe travieso.

Brillante.

El olor apagado de unas nostalgias, las ganas suaves de quedarse a vivir en sus delirios.
Que brillen mis dedos cada noche, hundiéndose en esa piel.
Que se escuche de fondo el gemido de la cama, chocando con la pared, y sean protagonistas tus suspiros, mis gemidos, nuestros sueños. Que pasen al galope mis miles de unicornios, incorregibles, mientras te araño la espalda y me destrozas el cuello. El cuerpo.
Y a la mañana siguiente, cuando todo haya pasado, cuando sólo quede el eco de nuestras sonrisas en la habitación, te habrás ido, y me quedaré sola con tus restos. Y será suficiente.

Suya.

Cómo escuchar su voz más de cerca cada día. Cómo disfrutar de la dureza de su piel, cómo hacer que sienta mi suavidad. Que se clave su mirada con sus dientes en mis caderas, que me dañe el corazón en cada segundo, que absorba de mi cabeza las ganas de devorarnos y sentir que somos uno. Que soy mala, que quiero un hara-kiri. Pero que no. Que yo sólo rozo esencias, si me dejan, y quiero estar. Existir. 'La groupie que se folló al poeta'. Ser la Beatrice de un Dante, de un Henry Miller.
Ser el pedazo de luz que ilumine esos gramos y su delirio de destrozarme en medio de un gemido.