Clavado en mi corazón, como una estaca. Es su lugar desde el día en que lo conocí. Es dónde vive. En mis fantasías, en mis sueños. Duerme cada noche en mis dedos suplicantes, respiro por sus labios.
Vivo esperando el momento en que aparezca entre mis sábanas, y no quiera huir de ellas.
El momento en el que sus dientes pasen a vivir en mis caderas, y sus suspiros sean la melodía más bella, la más escuchada en mi cabeza.
Pendiente de sus delirios, de sus días buenos. De aquello que desconozco, de sus misterios.
Pendiente de que pueda morderme la boca sin sentirse culpable.
Viviría arrodillada entre sus piernas, si me lo pidiera. Dejándome la piel, y hasta los huesos.
Soy la chica de las fantasías, de los sueños. Soy la seguidora de los delirios, y juro que no pararé hasta que sean míos. Que siga en mis sueños, permanezca en mi vida. Y que los días pasen. Yo tengo mi propio camino, y seguiré forjándolo. Pero le esperaré hasta que estalle mi corazón, le buscaré hasta quedarme sin sangre en las venas. Y cuando venga, me llenará de vida. Y tal vez, sea tarde. Para un nosotros. Para un, tú y yo. Para desgarrar madrugadas cada noche y dormir abrazados otra vez. Tal vez sea tarde, y mi cuerpo esté vacío, dolorido. Y aunque me llene de vida, todo sea una mentira. Y yo ya estoy cansada de vivir entre mentiras.
Pero seguiré pendiente de su hambre, de su sed. Seguiré recordándole cada noche, mientras él le da su vida a otra, y sólo me sonríe travieso.