jueves, 25 de febrero de 2016

Sobre el caos y su carnalidad.

Abrí los ojos dentro de un sueño, y tuve que frotármelos un par de veces para asimilar lo que entraba a través de mis ojos oscuros. Sentía las púpilas moviéndose, intentando adaptarse a la luz cambiante, al reflejo de las brillantes llamas en los rincones oscuros de las paredes. No podía ver lo que pisaba, ni dos pasos por delante de mí, y de repente resbalé en un puto charco oscuro, pegajoso. Identifiqué el olor sin mucho esfuerzo; sangre, densa pero fresca todavía. No me resultó desagradable, en cambio. De hecho, mi nariz empezó a moverse curiosa por encima del charco. Ni me molesté en levantar el culo del suelo, que estaba agradablemente cálido. Mis dedos empezaron a moverse de forma distraida por el charco de sangre, y no tardé en tener las manos cubiertas de rojo. Una sensación conocida para mí empezó a brotar en mi cuerpo. Sentí de repente como se me mojaban las bragas, y sin darme cuenta, había empezado a meterme los dedos en la boca. Sentía calor entre las piernas, pero también empecé a sentir algo más, más profundo. Un hambre desesperada y desgarradora empezó a abrirse camino en mi cuerpo, y se unió a las ganas de follar que habían nacido del puto charco en el que había caído. No entendía nada, y a la vez todo me parecía jodidamente natural. Lo más raro del sueño probablemente era lo real que parecía. La sangre aún calentita caía por mis dedos, y sentía correr las gotas por la palma de la mano. También sentía palpitar las finas bragas empapadas que llevaba puestas. Una imagen curiosa, verme a mi misma sentada en bragas sobre un charco de sangre, los dedos de una mano en la boca, los de la otra hurgando sin fin en el charco. 
Y de repente un crujido, una puerta que se abre en alguna parte, y el aire se llena de susurros y las llamas tiemblan y se apagan. La oscuridad me llena, pero no siento miedo. Estoy esperando a lo que me ha traído aquí. Son los vampiros. Por fin han llegado a mis sueños. Por fin van a probarme para decidir si soy digna de su raza. Si puedo ser uno de ellos. 
No puedo verle, pero siento de repente unos colmillos afilados y salvajes clavándose con delicadeza en mi cuello. Siento a mi cuerpo darse la vuelta por completo, mis bragas empapadas de mí y de sangre caliente caen al charco con un sonido viscoso, siento los ojos en blanco, la mandíbula prieta. El corazón bombea con fuerza, y los labios de mi atacante rozan mi cuello con delicadeza, siento su lengua apretando la herida y los colmillos se clavan más, y más fuerte. Siento que desaparezco de repente, que todo a mi alrededor se apaga mientras me corro entre gritos, y aún muerdo mis propios dedos. Ahora ha acabado todo.
Abro los ojos en mi cama, en silencio. Aún es de noche, pero estoy desnuda, mojada y cubierta de sangre. Me llevo unos dedos amoratados al cuello, y siento algo húmedo y pegajoso; más sangre, mezclada con saliva de una raza milenariamente apartada del mundo 'real'. Una herida diminuta se cierra del todo bajo mis dedos, y ahora estoy segura. Han venido y me han llevado con ellos. 

Up to get...

Se me nubla la mirada creando pasados paralelos, rodeando con los míos otros dedos que parecen fríos de distancia, aunque nunca más de ausencia. Me basta un segundo para respirar fuerte y levantar la mirada con un poco más de fuerza, guardando dentro de mi férrea coraza algo que sé que es una realidad, no algo que imagino febrilmente, ansiosa por necesidad de algo más allá. En realidad me da fuerza esa imagen 'creada' porque soy plenamente consciente, en algún lugar de mí misma, de que lo que están viendo mis sentidos es algo que pasó y que irremediablemente ha de volver a pasar.
Soy consciente del cambio experimentado en mi misma mientras en otro lado suspiramos dentro de la boca del otro cada minuto, soy consciente del tiempo que ha pasado, de las nuevas maletas que cargo a la espalda y de las que conseguí librarme. Y así mismo casi por inercia soy consciente de que esa alma que duerme en la mía en algún otro lugar tiene dueño también. Soy consciente de las diferencias que entrañará su persona con respecto a la que fue, soy consciente de que el tiempo pasa por y para todos. Y cada uno pasa a través del tiempo dando la cara a las situaciones que un algo o alguien ha impuesto en su camino, cada uno aprende a moldearse a sí mismo siendo consciente de la rudeza de vida a la que ha de enfrentarse. Eso es lo que cuenta, saberse, saberse real, y llevar por bandera la lucha, quedarse sin aliento gritando si es necesario ante un muro de impotencia derribada con las palabras correctas.
 No pensar en que pudo ser sino en que será, en que puede ser. En volver a abrir la boca para reír sinceramente, los dedos para escribir lo que sólo te atreves a decirte a ti mismo o a alguien que lee con el corazón ardiendo en llamas en un país donde el sol cae a las cinco de la tarde.
Hoy creo que me enfrento a un nivel superior de consciencia de mi misma, estoy aprendiéndome por dentro y reconstruyendo mis pilares, para ser más fuerte, más estable. Para defender la fortaleza de calma y esencia que estoy construyendo dentro de mí, sólo con la esperanza de capturar algún día, aún perdido indefinidamente en el puto tiempo, a esas dos almas y guardarlas dentro juntas, ardiendo sin quemarse en otro lado, lejano a los ojos de cualquiera que no entienda, pero cerca nuestro y cerca de mi corazón.