jueves, 27 de diciembre de 2012

Siempre nunca.


Voy torcida y dando tumbos. Me arrancan las ganas de un beso dulce, me desgarran con los ojos al pensar en su dulzura. Cómo van a cuidarme si no saben cuidarse a si mismos. Cómo voy a cuidarlos si la decadencia me viene arrastrando la vida, si me vuelvo cada día más mía. Más propia. 
Ya se me han olvidado los besos que se clavan. Nunca más. Ya pienso sólo en tener a alguien que me folle duro, y me abrace suave cada noche.
Que se quede hasta que me duerma y desaparezca.

Típico.

Mi vida es eso que pasa entre un café y la siguiente resaca. Entre ese chupito de whisky y el siguiente tercio.
Es eso que muere en la terraza de un bar, dejando escapar confesiones y palabras, pasándolo mal, riendo muy alto.
Es mirarme en el espejo al subir en el ascensor, y reírme de mi ciego y mis ojeras.
Mi vida es ese gorro de panda que despierta las carcajadas de todos mis amigos.
Yo SOY ese panda, ojeroso, cansado, perezoso. Empanado y olvidadizo.
Pero abrazable y abrazoso, soy la mirada y la sonrisa perdidas en la oscuridad. 
Soy la que te saluda tres veces, pero con un sólo beso. O tres. O cinco. Nunca dos, ya lo sabéis.
Soy la que te acaricia la espalda en la cama, la que susurra carcajadas. Soy la que te arranca unas ganas desesperadas, soy la pequeña hija de puta que se caga en todo, pero sabe a quien tiene que querer.

Soy la que se gasta todos sus ahorros en una noche, se los deja en whisky, cerveza y tabaco.

Anoche me llamaron 'La Juanita'. Soy el espíritu que siempre aparece. Que aunque sea presencial, existe. Está, siempre. Soy ese alma cansada. Me muevo a lomos de un gran unicornio negro, apresurado. Dejamos un halo de purpurina y decadencia a nuestro paso.