viernes, 3 de octubre de 2014

Sustainable self-destruction''.

Necesitar un algo que ni conoces, algo malo, algo que te rompe, desestabiliza. Buscar eso que te falta, que te proporcione todo el caos que buscas desesperadamente, buscar la autodestrucción, y creerla sostenible. Necesitamos de un algo oscuro, malvado y retorcido, que nos arrastre a los submundos de nuestra propia inconsciencia, precipitarnos a un vacío cubierto de espirales, que no dejan de girar y girar, buscar sumirte en la oscuridad, enterrarte en tus miserias, sufrir las consecuencias. Tomar malas decisiones como forma de vida, hundirte hasta las cejas en barro oscuro y chapoteante y no salir al exterior por miedo a que la luz te destroce los ojos. Porque la luz nos aterroriza, vivimos de noche y entre la bruma del pensamiento. La existencia es confusa durante el día y con la mente fría y clara. 


Para nosotros lo único esencial es el peligro a perdernos, a arrancar nuestro propio corazón y ahogarnos en sangre, pero eso sí, sonriendo, bailando y con los brazos abiertos. Gritando, ESTAMOS AQUÍ. Venid a por nosotros, si llegáis antes de que se abra el suelo y desaparezcamos para siempre.

Contraluz.

Y de pronto, cae la noche. Y con ella sonidos, texturas, miles de formas volubles. Cae la noche y trae la magia, los gritos, se precipita ineludible sobre millares de almas ansiadas.

Cae la noche, y llega él. Encuentro desesperado, rápido y sin cuidado, sin tacto. Presencia carnal, delirante, se mueve hábil, brutal, un ser que crece, avanza. Acelera las horas. Que se mueve, más y más rápido. Con cautela pero sin compasión, dulce pero severo, firme, pero sobre mojado.

Y explotan rápido los gritos, dos gargantas, seres, susurros y suspiros.

Explota, de repente, la mañana en la ventana, y trae la luz, y vuelve la cordura. Reflejo desnudo de otra noche que se muere. Vuelta a la paz, la ropa en su sitio.

La luna se esconde agotada, respira tranquila. Y ellos descansan, exhaustos, soñado anhelantes con el resurgir de la noche.

Ojos color sol''.

Insistente. Inevitable, inesquivable. Imposible de olvidar, de resistir. Mirada fija en mi cuerpo, y una sonrisa torcida, rebelde, inquívoca.

Sonrisa que sin palabras me aparta el pelo de la cara, me desabrocha el sujetador. Sonrisa que me sube despacito la falda, que aparta con cautela y picardía, lenta, ligeramente, las braguitas de su sitio.

Sonrisa que no tiembla, nunca duda, no vacila. Mirada descuidada que se centra en lo abierto de mis ojos, lo húmedo de mis labios, mirada desbordante que me arrastra, me sacude.

Quiero buscar tus ojos. Hacer reales (y un poco mías) todas tus sonrisas.

Calma.

La poesía es demasiado complicada para un corazón que casi late por inercia. Es demasiado sentimiento para un alma tan frágil, expresar en su máxima belleza el más grande de los sufrimientos.

La poesía es para los valientes, que se atreven a gritar en voz alta sus más íntimos pensamientos, la más quebradiza de sus emociones. La poesía es demasiado dura, cruda, demasiado hermosa.

La poesía es paz en la forma, y profundo caos en el fondo. Más fácil escribir sin medida, sin miedo, sin frenos. Escupir sobre un papel en blanco, dejar a las ideas solas, sin dueño, dejar que aparezcan, te hablen, se expresen. Dejar que te guíen.

Dejar que las letras sangren solas, y no limpiar el papel, sino mancharte de sangre seca y dolor, de pensamientos, releyéndolas a oscuras bajo la luz de la noche.