sábado, 20 de febrero de 2016

Salir corriendo.

Un sonido ahogado llegó de pronto al verde valle lleno de coches y ruido, de ondas y almas, lleno de música vibrante y deseos callados. Un sonido lejano, tenue. Irreconocible del todo para unos oídos colmados de vida y sonidos, para una mente confundida por el ácido o el éxtasis. Un sonido que no augura nada bueno y es confundido con una tormenta. Grupos corriendo, grandes plásticos, un toldo más resistente. Se avecina tormenta grita el ambiente. Ilusos. 
Continúan las danzas paganas bañadas por un agua suave que cae incansable de repente. No hay tormenta, pero también el cielo llora por todas las almas que han de perecer. Y entonces se oye más cerca. Un crujido aterrador, gigante, que parte por dentro el pecho a todo el que lo haya oído. Cada vez más próximo, pero la música nunca para y la energía desenfrenada de todos los asistentes está creando un vórtice irreal, pero palpable. Una espiral de un caos tan supremo que sólo puede suponer belleza a los ojos de todos, una destrucción tan devastadora que sólo puede llevar a la creación de algo hermoso y vivo, el renovar de un bucle oscuro y eterno.
Y el bucle crece desde en medio del valle, y levanta ondas cada vez más brutales de aire negro y cargado, gira sobre si mismo violentamente, y en su crecimiento arrastra basura, botellas de cristal, vasos vacíos. Todo se une al gran vórtice negro que gira sin parar, generando un viento salvaje que arrasa lo que encuentra a su paso. Pronto los cuerpos se alzan del suelo, se levantan los pies de la tierra, se abren las gargantas en desesperados aullidos de auxilio. Pero la energía fluye y fluye, y pronto el bucle es tan grande, tan negro, que se traga a si mismo con un terrible sonido de succión. Y donde antes había un valle, vida, lucha, música, luces de colores, coches y amigos, ahora no hay nada. No hay ni un valle que demuestre que algún día la zona estuvo viva. Sólo una gran extensión de terreno llano y negro, vacío, desolado, oscuro. Alguna botella de cristal rota,  algún papel por el suelo podrían indicar que alguien pudo pasar por ahí, pero resulta tan oscuro, tan remoto que parece imposible. 
Y así es como una energía puramente búclica por definición se autodestruye a si mima en un gigante y aterrador agujero negro que absorbe toda vida que encuentra a su paso.