Aquí todos confiamos en que acabará yéndonos bien.
Que seremos felices. Que acabarán cumpliéndose nuestros sueños más oscuros. Ocultos.
Que nos cogeremos la mano con un alma que nos ame y nos comprenda, que tendremos pequeños correteando a nuestro alrededor. Una buena casa, un coche, y un trabajo que no te llena del todo, pero oye. Te da dinero, y mantiene el monísimo apartamento que acabas de comprarte.
Soñamos con un mundo redondo, sin complicaciones. Sin más preocupación que la idea de la ropa que nos pondremos mañana. Soñáis. Los ilusos. Los corrientes.
Nosotros, los raros. Los verdaderos soñadores. Nosotros imaginamos un universo plagado de poesía, música y literatura. Cine y tabaco, whisky y canutos. Soñamos con un sitio pequeño, lleno de letras, pintura, fotos. Soñamos con morder la boca del que nos alimenta el alma. Con arrastrarnos cada noche sobre el colchón, y follarnos, 'como perros sin collar'. Los verdaderos soñadores no queremos una vida fácil. No queremos que todo vaya bien, que sea sencillo. Queremos lágrimas, para poder lamérselas a los nuestros. Queremos sexo y decadencia, y sonrisas. Muchas sonrisas traviesas. Cansadas.
Queremos ojos rojos, bragas de encaje y zapatillas. Labios marcados y ojeras profundas.
Buscamos ser el chico raro con capucha y la chica triste.
Yo busco su sonrisa. Contra la mía. Que me busque las cosquillas. Que me muerda. Que me abrace.