jueves, 17 de enero de 2013

'The Dreamers'.

Aquí todos confiamos en que acabará yéndonos bien.
Que seremos felices. Que acabarán cumpliéndose nuestros sueños más oscuros. Ocultos.
Que nos cogeremos la mano con un alma que nos ame y nos comprenda, que tendremos pequeños correteando a nuestro alrededor. Una buena casa, un coche, y un trabajo que no te llena del todo, pero oye. Te da dinero, y mantiene el monísimo apartamento que acabas de comprarte.

Soñamos con un mundo redondo, sin complicaciones. Sin más preocupación que la idea de la ropa que nos pondremos mañana. Soñáis. Los ilusos. Los corrientes.

Nosotros, los raros. Los verdaderos soñadores. Nosotros imaginamos un universo plagado de poesía, música y literatura. Cine y tabaco, whisky y canutos. Soñamos con un sitio pequeño, lleno de letras, pintura, fotos. Soñamos con morder la boca del que nos alimenta el alma. Con arrastrarnos cada noche sobre el colchón, y follarnos, 'como perros sin collar'. Los verdaderos soñadores no queremos una vida fácil. No queremos que todo vaya bien, que sea sencillo. Queremos lágrimas, para poder lamérselas a los nuestros. Queremos sexo y decadencia, y sonrisas. Muchas sonrisas traviesas. Cansadas.
Queremos ojos rojos, bragas de encaje y zapatillas. Labios marcados y ojeras profundas.
Buscamos ser el chico raro con capucha y la chica triste.
Yo busco su sonrisa. Contra la mía. Que me busque las cosquillas. Que me muerda. Que me abrace.

'Que me mire, cuando voy a irme'.

Si se atreviera a deslizarse por los corazones de mis medias. Hacia arriba. Si me mirara a los ojos cuando sonríe. Si me cogiera la mano, y la acariciara. 
O me hundiera despacito en el colchón, una mano en mi pelo y la otra tirando hacia abajo de mis braguitas.
Le he soñado de mil maneras posibles. Le he echado de menos en cada botella de whisky que me he bebido sin él. Le he observado de lejos, perdiéndome en su mente. A través de sus ojos.
Como cuando enciende mis cigarros, mirándome a los ojos a través de las llamas. Y sonríe.
Brilla. Como ese gesto lento y adorable que me hace esconder una sonrisa cada vez que le miro.
O verlo sentado al fondo de sus nostalgias. Sólo con su música, su Camel, y su mechero. Amarillo.
Y que me reciba con un gesto amable. Un gruñido cargado de sueños. Un beso suave en su mejilla izquierda. Creo.

No dejes de mirarme cuando te vas.