Es mágico, como esperar en una esquina, con un piti consumido, botellas de alcohol, y mucho frío. Y verle aparecer, volar sobre la vida. Por encima del esqueleto de una ciudad que resucita cuando cae la noche. De nuestras manos.
Somos la vida, cielo. Dejamos huella. Dejas. Acuchillas cada retazo de cordura en mi mente, y lo llenas de paz. De humo, de sonrisas. De calma. Lo llenas de ti. Cada día. Abrázame cada noche, y ven. Sueña conmigo, con mi boca. Sobre tu cuerpo.
Que me mire con la misma ternura con la que cubrió ese porro de polen. Que me cuide así. Que me folle despacio, pero lleno de mí. Inundado de luz. Que me cuide hasta que la madrugada se derrame por mis ojos, y llene cada rincón de su cuerpo. Hasta que cada atardecer se salga de mí en un gemido entreabierto y se vuelque sobre sus deseos. Pensamientos.