viernes, 16 de noviembre de 2012

'Zillah'.

Como unas uñas rojas manchadas de sangre. Llenas de jirones de piel arrancada, manchas de dolor y gritos en los oídos. Como recorrer el alma de un vampiro recostado contra una pared desconchada, sucia, que manchará de rojo con su próxima víctima.
O sentir los colmillos en el cuello. La caricia arañando. La presión suave. El delicioso dolor en el cuello, el corazón a cien. Bombea más fuerte, más rápido. Respiraciones aceleradas. El pelo removido por una perezosa ráfaga de aire rezagada, y las manos apretadas fuertes contra el costado. Miedo. Ganas. Sueño profundo al clavarse sus dientes y vaciarme el cuerpo. Sueño negro, oscuro, donde las manos recorriendo, acariciando, desgarrando, un cuerpo aún caliente, son sólo el eco de los gritos que se escapan de una boca entreabierta, suspirante, agonizante y extasiada.
Que muerte tan dulce entre los labios, contra sus colmillos.
Y que dolor tan exquisito vislumbrar entre estertores al alma condenada escapar rápido en la oscuridad, ávido de otra víctima tierna a la que desgarrar.

'At first when I see you cry, I go ahead and smile'.

Sólo soy un manojo de nervios, nostalgias y lágrimas. Un vacío en el que se esconden mis miserias. Soy fachada, y soy sueño. ''Hoy digo que estoy de puta madre, pa'no dar explicaciones'', por que todo duele más en voz alta. La idea de perdernos, de que se me escape entre los dedos y desconozca el motivo. La idea de no poder hacer absolutamente nada al intentar salvar a alguien de su propia desidia, de sus sueños rotos. Cuando no quieres dejar que se ahogue en lágrimas.
Me visto con una mascara oscura, llena de falsas ilusiones y vacío mis ojos de sentimiento.
Y sólo cuando nadie puede verme, cuando la noche ya ha caído, los sueños ya han atrapado a los mortales, y hasta los vampiros empiezan a esconderse, sólo en ese momento, me quito la máscara, arranco el disfraz. Y mi alma se vacía de dolor, con lágrimas que abrasan. Que arrancan pedazos de carne, y me hacen sangrar  ojos y corazón, brillar sangre púrpura, nostalgias.
Estoy jodida y me sale sólo, el decirte que te follen, que me saques de tu vida. Que no quiero tenerte ni que me tengas. Que desaparezcas, que ya no puedo. No quiero. Que te vayas y me dejes ser feliz, sin sentirme culpable sin que se claven dagas ardientes en cada pedacito de mi cuerpo.

Oscuridad.

Estremecida por un mundo que no me comprende, arrasada por lágrimas que me son ajenas, y arrancada de la felicidad con tenazas. Arañada profundamente por un vano esfuerzo de sacarlo de su espiral. Cerrados los ojos del alma, arrancados y tornados en úlceras sangrantes. Ardientes. 
Y así se pegó la purpurina a mi apariencia, adherida a toda la sangre y el dolor. Y llegaron al galope los unicornios, corneando los malos sentimientos, tratando de ahuyentar todo el dolor. Lamiendo con ávido cuidado la sangre de mis heridas.
Y así se escondió mi verdadero yo, a lomos de uno de ellos, perdidas en situaciones que no me pertenecen. Sumergida en lodo negro, oscuro y frío, apagada. Inventado caricias y sonrisas. Suplicante la mirada, escondida, por un abrazo cálido, unos brazos amables. Unos ojos sonrientes que me saquen de esto. Revolviéndome en la cama, mi garganta arrasada por lametones de humo.
Recorriendo mis rincones más profundos, recordando sueños de otros tiempos. Deseando un alma que me busque, que me entienda. Unos labios entreabiertos. Dedos empapados en deseo.
Y cada noche me vence un sueño negro, solitario, que me atrapa y me niega el encuentro con mis unicornios, mis salvadores. Sus letras y sus voces.
Que se clavan, me arañan la espalda y humedecen mi alma.
Llena de dolor y lágrimas, permanezco, cierro los ojos. Y dejo de existir para el mundo.