De como una película puede hacerte volar. De verla siete veces y no cansarte nunca. De envidiar el humo, la bañera. Esa forma de repartir la comida, la tienda de campaña. De enamorarte de las tetas de Eva Green y quedarte a vivir en su sonrisa. Ideas que aparecen, como guardar su foto dentro de tu ropa interior, o soñar con fuego, gritos y mentiras.
Observar la relación entre dos hermanos con graves carencias emocionales, y mudarte a la mancha de nacimiento que se extiende por sus pieles pálidas.
Enamorarte del cine, de las cadenas, de esa forma de fumar. De su acento francés y sus sueños de un mundo más libre.
Nunca olvidaré lo que me hizo sentir, como cambió mi mente, mis ideas, como me hizo formarme opiniones dispersas y como cambió mi visión de la vida, del mundo. De enseñarme que el instante más efímero cambia tu vida, la decisión más repentina te da la vuelta.
De cómo después de haber dado todo lo que creías tener, el amor te deja tirado en una calle oscura, llena de fuego, gritos de libertad, y la decadencia de los suburbios franceses.
