Nunca he sabido demasiado bien si el caos circundante a todos los ámbitos de mi vida depende en mayor medida de mi puto propio caos interior, o si es debido, en realidad, a la terrible manera de hacer las cosas de todo el puto mundo a mi alrededor...
Nunca he sabido desentrañar la compleja madeja de pensamientos inconexos que de alguna manera he tejido enrevesadamente en lo más profundo de mi mente. Tal vez conozco los nudos que usé para crear el núcleo básico, y supongo que dentro de todo, esto es ya un paso importante.
Pero no he sabido nunca ir más allá, engancharme a cada hilo y seguirlo hasta encontrar donde empieza, donde acaba y como coño llegó a estar ahí. Y como nunca he sabido hacer esto (sabiendo que en realidad, no quiero, que me aterra), intenté aprender a desentrañar el variante entramado presente en los ojos de todos. Ya que no me comprendo a mí misma, debo por lo menos aprender a descifrar a los demás. Por si encuentro la clave, o por necesidad. De conocer estructuras mentales completas y ordenadas, que reflejan miradas claras, limpias. Un algo de vida complicado de descifrar que brilla detrás de los ojos, en su yo interno. Pero primero de todo aprendí a identificar mentes tan confusas como la mía, mucho menos puras en sus intenciones. Aprendí esto para aprender a cerrar en banda mi corazón y apagar la reveladora luz de mis a personas tan oscuras.
Porque a pesar de todo, sobreentiendo mi propia fragilidad, conociendo el amplio desconocimiento que tengo de mi propia persona.