Siempre me sentí fuera de lugar, desde pequeña. Fuera de lugar no quiere decir que haya tenido nunca problemas para relacionarme, ni para juntarme a un grupo; mi desituación siempre ha estado más relacionada con el simple convencimiento de no encajar en ningún lado, casi por propia decisión, y simplemente como una forma de reafirmación personal. Siempre he huido de 'encajar' en un grupo establecido, porque bf, demasiado trabajo para que no sirva de nada. Imposible encajar tantas piezas distintas a la vez en una pieza clave y homogénea.
Simplemente a lo mejor nunca he valorado nada tanto como para aceptarme a mi misma como parte de ello. Mi convicción de no pertenecer a nada es lo que me ha salvado al final en puntos críticos de mi vida, pero una realidad también innegable es que muchas veces me he visto evocada a tan negros momentos por esa misma convicción de individualismo, de yo sola puedo. Y no es eso, no es un yo por encima, es que soy tan orgullosa que no quiero pedir ni aceptar sin reclamarlo ni siquiera, nada de nadie.
Asumí mi identidad fuera o por encima de los demás y decidí que esta era una característica inmutable, que era yo sola contra el mundo para siempre. (2016)
Y todo eso. Para qué. Si a día de hoy sigo en tesituras parecidas, en circunstancias completamente diferentes. Si me rompo con nada, y me dejo romper con menos aún. Aunque cuando me rompo, siempre me quiero más. Me redescubro como la persona fría y un poco perra que puedo llegar a ser. Estoy empezando a disfrutar el momento en el que se rompe ese pequeño punto donde pende mi libertad de mí misma. Me han tomado por gilipollas tantas veces que ya. Como que me la suda y me cobro lo que me sale del coño. Que las mujeres no hablan mal, una polla. Mi individualismo salvaje se ha domado un poco, aunque sigue llevándome al límite siempre que estoy casi ahí. Pero la bestia se amansa con el tiempo y los guisos. Es lo que tiene cocinar a fuego lento. Las burbujas delicadas. Pues que explotan. Creo que ahora tengo más mala hostia y menos paciencia, pero me sigue costando un puto universo confiar en mí misma. Eso sí, que no se note nunca. (2020)