Y de pronto, cae la noche. Y con ella sonidos, texturas, miles de formas volubles. Cae la noche y trae la magia, los gritos, se precipita ineludible sobre millares de almas ansiadas.
Cae la noche, y llega él. Encuentro desesperado, rápido y sin cuidado, sin tacto. Presencia carnal, delirante, se mueve hábil, brutal, un ser que crece, avanza. Acelera las horas. Que se mueve, más y más rápido. Con cautela pero sin compasión, dulce pero severo, firme, pero sobre mojado.
Y explotan rápido los gritos, dos gargantas, seres, susurros y suspiros.
Explota, de repente, la mañana en la ventana, y trae la luz, y vuelve la cordura. Reflejo desnudo de otra noche que se muere. Vuelta a la paz, la ropa en su sitio.
La luna se esconde agotada, respira tranquila. Y ellos descansan, exhaustos, soñado anhelantes con el resurgir de la noche.
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