El olor apagado de unas nostalgias, las ganas suaves de quedarse a vivir en sus delirios.
Que brillen mis dedos cada noche, hundiéndose en esa piel.
Que se escuche de fondo el gemido de la cama, chocando con la pared, y sean protagonistas tus suspiros, mis gemidos, nuestros sueños. Que pasen al galope mis miles de unicornios, incorregibles, mientras te araño la espalda y me destrozas el cuello. El cuerpo.
Y a la mañana siguiente, cuando todo haya pasado, cuando sólo quede el eco de nuestras sonrisas en la habitación, te habrás ido, y me quedaré sola con tus restos. Y será suficiente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario