viernes, 29 de abril de 2016

Aparentemente

De como dos cuerpos que se descomponen por completo entienden sin necesidad de palabras. De como dos cuerpos sin esencia se descomponen bajo una losa y una capa de tierra negra. De como la carne va perdiendo color, textura, forma.
Pronto la carne empieza a reblandecerse, cuando la humedad hace mella en la madera de baja calidad por la que unos desolados hijos, con una estaca ardiente clavada en el pecho, han pagado cientos de pavos. La humedad se come la madera en pocas semanas, y la tierra y los gusanos empiezan a colarse en la santificada caja de color marrón. La temperatura es considerablemente más baja a esa profundidad, y la humedad es insoportable, pero los huesos helados ya no pueden sentirse entumecidos nunca más. El corazón empieza a coger un color negro intenso, y la podredumbre de tus dedos se extiende tanto que se desharían en segundos si el cuerpo rascara la tierra buscando salir. Un moho brillante y oscuro crece, uniendo los dedos huesudos de una mano muerta con unos dedos que en contraste parecen aún calientes, rosados, de lo que en mejores años fue un amante, enemigo, confidente, todo en una misma esencia.
Como se estremecieron en vida esos cuerpos cuando sus dedos se rozaban,encontraban el camino. Cuanta humedad lúbrica y salvaje se reflejaba en ellos, cuanto sudor, cuanta energía cargada traspasando sin descanso de un cuerpo a otro, sonrisas torcidas, gemidos callados.
Y ahora a la tierra lo que es suyo, polvo somos... Dejad a los gusanos que coman tierra y gusanos, y a mi esencia volar libre hacia el infinito sin sufrir por un cuerpo que se pudre.