Cuando duele aprieto los dientes, levanto la cabeza y sigo hacia adelante contra el viento, fingiendo que no me ha pasado nada, que la sangre que se escapa de las heridas abiertas es sudor que me limpia, haciendo ver al mundo que soy la que mejor se lo pasa, la que más disfruta y pasa corriendo por medio de los problemas sin que le toquen del todo. Pero tendríais que ver lo que hay por dentro, la costra seca manchada de tierra, droga y polvo que se pega a las heridas que hago como que no veo, la infección negra y corrupta que se extiende alrededor de mis entrañas, entrando profundamente en mis órganos vitales. Estoy llena de polvo y gusanos, manchada por dentro y por fuera de lágrimas rojas, de líquido negro y viscoso que me impide avanzar, mover las articulaciones de manera natural. A veces soy un mar de oscuridad profunda del que sólo sé salir apretando la mandíbula.
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