Me he cortado, profundamente, hasta el tendón. No puedo cerrar los dedos, siento como me palpita el brazo hasta el codo. Siento como la sangre no para de bombear, intentando llevar algo de vida allí por donde se me está escapando. Puedo notar como chorrea, a borbotones. Me corre entre los dedos, me rodea la muñeca. Casi me haría cosquillas al rodear mi cuerpo y caer lentamente. Casi. Si no fuera porque siento como mis venas se siguen abriendo. Como el agujero que tengo ahora mismo al final del brazo no para de crecer. Y crecer. La piel sigue desgarrándose hacia arriba, desaparece, se estira. Los jirones de carne crean una espiral confusa y casi negra que cae en tromba junto a la sangre. Ya no me siento ni el codo. No sé que está pasando, casi puedo sentir como la sangre y el olor me absorben hacia dentro de mi propio cuerpo.
-Por un momento me acuerdo de Uzumaki, de la espiral devorando a la chica, de su cabeza dejando de existir para ser. Vacío. Espiral.-
Pero es solo un momento, porque de repente, de lo más hondo de mi garganta se escapa un quejido, casi silencioso pero desesperado. No veo nada. Solo sangre. Más sangre. No puedo pensar con claridad, un dolor lacerante y profundo me está quemando por dentro. Se extiende desde mi hombro al corazón, que no puede más que seguir bombeando. Esparce la quemazón por todos mis órganos, hasta que casi me olvido de que un lago de mi propia sangre me está tragando a mí misma. Igual no es tan malo dejar de luchar.
Me he cortao' con los cristales rotos de mis castillos en el aire.
No hay comentarios:
Publicar un comentario