Dos años sin escribir y por aquí está todo igual. Todo revuelto y lleno de caos. Aunque esta vez. Algo es distinto en mí. Quizá estos dos años han sido punto de inflexión. No retorno en mi cabeza a algunos puntos jodidamente dolorosos.
Y es que estos tres últimos años me han destrozado el cora, le han dado la vuelta a todo en lo que creía. He visto cosas de mí misma que no creía tener. Me he odiado y despreciado más que nunca. Me he dejado anular incontables veces, he perdido todo lo que tenía guardado en mí misma. Lo he escondido al fondo, lo he cubierto de mierda.
Estaba full of shit por dentro, y sólo seguía creciendo hacia fuera. Tapando mierda con más mierda. Devorando migajas como erizos en temporada. Una puta vergüenza. Dejándome menospreciar y tapando mi magia, escondiéndola detrás de palabras que llenan de duda.
Ya no calan las mentiras. Se me han abierto los ojos y no hay vuelta atrás. A veces aún cuesta auto quererse, valorarse. A veces aún cuesta darse cuenta de que te están dando las sobras otra vez. Pero ya no tengo hambre de migajas. Tengo hambre de valer lo que soy.
Siento que me estoy construyendo por fin. Que no hay antiguo yo al que volver porque lo he destrozado demasiadas veces. Y he transformado los pedazos en arte y belleza, porque sigo siendo la misma pero nunca seré igual. Nacimos desnudos (y solos) y el resto es performance. Ahora estoy montando la mía con nuevas herramientas y un amor por mí misma que no había en mis antiguas versiones.
Y este acto performático lleno de talento y brillo va a seguir activo y en constante transformación hasta que mi carne esté podrida y marchita. Pero la esencia siempre será la mía ahora. El drama será mío ahora, el dolor. Siempre míos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario