sábado, 27 de enero de 2024

(...) sent you a dm. (Hemos marcado estos mensajes como sensibles. Ver imagen/Denunciar).

Contenido de alta carga erótica
Lenguaje malsonante
Consumo de sustancias
Violencia sexual
Todos los personajes aquí mencionados son obra de ficción y no se corresponden con personas o situaciones reales. O SÍ.
🔥🔥🚒


Solicitud de mensaje en instagram. Abro los dms, y una sonrisita se me asoma. El tío más tóxico y jodidamente sexual que me ha escrito casi que igual nunca. 

Las conversaciones más hott y que más cachonda me han puesto puede que de mi vida. Dios. Es un jodido capullo. Le odio por ponerme tan cachonda con esa energía super masculina y dominante que está a todo su alrededor. Ni siquiera hemos quedado nunca aún porque me cae fatal. Pero joder esa cara que tiene. Esa forma de sonreír de medio lao y de moverse, como si el mundo estuviera puesto pa él. Es la personificación del privilegio blanco cishetero. Pero tiene esas manos hábiles, gastadas y bonitas. Y esa boca jugosa y de labios carnosos que sonríen con una puta seguridad en si mismo que roza el asco.

Pero es que hoy estoy tensa, harta, un poco triste y enfadada sobretodo. Y cachonda como una perrita con la puta ovulación. Así que le contesto con el tono más cerdo que se me ocurre. Y por puta primera vez acepto quedar con él. Aunque primero le hago insistir un poquito, porque parece que cuanto más le digo que no, más quiere follarme. Putos cerdos y puta cultura de la violación, si me permites que rompa esta atmósfera tan calentita que te estaba preparando. 

Y claro que insiste, sin parar. Le digo que sí al final, y le mando una foto de mi culo con el tanga negro que me he puesto después de mi ducha fría. Le hago esperar un rato antes de salir y sé que está cada vez más cachondo. Me pide que pare de escribirle hasta que llegue porque no puede más pero le respondo con una foto de mis tetas. Hemos quedado en su restaurante. Hace meses que quiero ir a ese sitio, aunque había pensado otro menú la verdad. En fin. Cuando llego la puerta está entreabierta. Me siento poderosa y confiada, además de bastante cachonda. Empujo la puerta, en realidad sin saber muy bien qué me voy a encontrar. Mientras se abre, una punzada de nervios me atraviesa pero la verdad, tengo muchas ganas de entrar.

Él está al fondo del local, sentado en una silla negra bastante imponente, fumándose un piti y con una cerveza abierta. Cierro y entro sonriendo. Que cara tiene, me cago en sus muertos, joder. Me mira con una seguridad y unas ganas que hacen que me ponga un poco tímida. Pero me acerco despacito sacando un porro de la riñonera. Lo prendo cuando llego a su altura.
Hola.
Hola, y esa puta sonrisa. 
Sé que le estoy mirando y se está dando cuenta de que se me cae la baba.
Cruzamos unas palabras de vacile y de aclarar un par de cosas. Me ofrece una cerveza y me abre el botellín. 

Vuelve a sentarse, de cara a mí. Estoy apoyada en una puta mesa de mármol negro brillante. Es una mesa preciosa, la verdad. Me siento y apoyo un pie a cada lado de su silla. Veo como me mira el coño y me derrito con su cara de cerdo. Jaja, me da risa ver lo cachondo que le pongo. Se acerca a comerme la boca y madre mía, esa lengua jugosa y caliente. Lame y muerde mi boca, mi cara, el cuello, las tetas. Le paro los pies, tengo las tetas sensibles. Cuidado. Y el pavo sólo me sonríe con carita de bueno. Y tiene cuidado pero sigue mordiendo y lamiendo mis tetas. La verdad es que me tiene loca, descontrolada. 

Se da cuenta y me separa las piernas con esas manos que saben bien lo que hacen, y me toca un poco el coño, por todas partes. Estoy ya bastante mojada, y sus dedos resbalan por mi carne. Y me besa la cara otra vez un momento mientras le lamo y le muerdo todo lo que puedo. Pero hunde su cara entre mis piernas y joder, como le gusta mi coño. Me devora, metiéndome los dedos a la vez, haciendo con ellos una curva deliciosa dentro de mí. Me pilla por sorpresa, la verdad pensaba que era de esos tíos que no comen coño. Pero joder sí. Me corro dos veces seguidas, y a la segunda noto como  parece que llueve desde dentro de mí, y me siento caliente y empapada. Él se está riendo y me besa mientras sigo corriéndome en sus dedos y le acaricio los labios con la lengua como una perrita sumisa.

La mesa de mármol negro brilla más que antes, y la verdad no sé como coño ha aguantado todo esto. 
Me aparto un poco de él, y me arrodillo en el suelo, mirando hacia arriba para verle los ojos castaños, brillantes y salvajes. El pantalón le aprieta la polla porque la tiene durísima, y presiono un poco con mi mano y con los dedos. Veo como se muerde el labio, y lamo y mordisqueo un poco la bragueta de sus vaqueros, justo antes de bajársela y sacarle la polla del pantalón. Está justo delante de mi cara, dura e imponente, con una vena que late ligeramente por abajo. Es una polla bonita, con un capullo de esos que chuparías como un calippo. Acerco mi cara y me la paso por los labios, la nariz, las mejillas. Y empiezo a llenarlo todo de babas, todo el tronco, la punta, los huevos. Me dedico a fondo, a lamer cada rincón, a escupirle para que me resbale por todas partes. Él me agarra la nuca, despacio pero seguro, y me mira a los ojos. Asiento con la cabeza, y dejo que me empuje toda esa carne por la boca, hasta el fondo. Me flipa comerle la polla. Me ahogo, la saliva cae al suelo haciendo ruido, y dejando unos charcos brillantes en el bonito suelo del restaurante. Que polla más deliciosa tiene, dura y caliente, y como me siente, y me pregunta, me acaricia, afloja y aprieta. 

Paro porque puedo sentir que está a punto de correrse. Pero no he terminado, quiero más, necesito sentir su cuerpo caliente y sudado contra el mío, necesito sentir esa polla y acariciarme mientras está dentro de mí. Él me levanta del suelo y me mira a los ojos sin parar, mientras me sonríe de medio lado y me sienta sobre él. Me agarra las caderas y se roza con mi coño, despacio, mirándome fijamente y suspirando de vez en cuando. Sus ojos contra las míos, y nuestras bocas se buscan y se huyen y sigo lamiendo su cara y su boca, lamiendo la saliva que me escupe en la cara, en los labios. Creo que me voy a correr otra vez y ni siquiera tengo su polla dentro todavía. Me siento jodidamente cerda y excitada y estoy empapada. Estoy mojando sus piernas, su polla. Y me levanto y me doy la vuelta, poniendo el culo en pompa justo en su cara, apoyando las tetas en la puta mesa de mármol, que está fría y se empaña con mi cuerpo caliente.

Le escucho resoplar y gemir mientras se toca la polla y se levanta y se acerca a mi culo. Me flipa que me agarre así de las caderas, clavando sus dedos, sus uñas, en mi piel pálida y suave. Tengo marcas de dedos por todas partes y. Sin meterme la polla, empieza a darme azotes. Suaves al principio, aunque no me lo espero y me sobresalto. Para y me giro y me mira a los ojos. Y que sonrisa aparece en mi cara. Sí.
Sigue dándome azotes, cada vez más fuerte. Mientras me pega más fuerte, empieza a acariciarme el clítoris y a meterme la punta de dos dedos, despacio. Me corro tan fuerte que llueve otra vez y me muerdo los dedos, dejando marcas de dientes.
Y de repente para, y me mete la polla de golpe hasta el fondo. Dios, joder, siento que voy a explotar, y me toco el clítoris con la otra mano, frotándome sin parar. Está tan sensible que me duele un poco, pero joder que rico se siente. Puedo notar su polla apretando desde dentro, y le oigo gemir mientras clava sus dedos por todo mi cuerpo, me agarra el culo, me acaricia las marcas de los azotes.
Puedo notar que se va a correr, porque gime despacio pero intenso, y se aprieta contra mi cuerpo, abrazando mi estómago y mordiéndome los hombros.
Me aparto y me doy la vuelta, agachándome y agarrando su polla con mis manos. Lamo su capullo rojito y duro hasta que vuelve a gemir de placer y siento como se corre violentamente entre mis labios, en mi boca. Unas gotas brillantes se escapan por las comisuras mientras no dejo de lamerle, y se estremece pero no se aparta. 

Me levanto riéndome a carcajadas, prendo el porro desnuda y con gotas de su corrida en las tetas. Le miro a los ojos y me muerde los labios. 
Recojo mi tanga y el vestido diminuto que llevaba, y me visto mientras fumo y él me mira.
Me doy la vuelta y me voy, oliendo a puro sexo, despeinada y llena de marcas de dedos y mordiscos.


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