Nos volvimos descuidados, disconformes, y desapegados.
Olvidamos que los sueños no son sólo nuestros, que las mentiras duelen, y que convertir el amor en sexo, suele ser buena idea. Nos acordamos de morder la esencia del de al lado, pero sólo a veces.
Y permitimos a las madrugadas barrer nuestros delirios, arrancar nuestros deseos, y tornar en materia pútrida aquello que más buscamos.
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