martes, 15 de enero de 2013

En rojo.

Me habló de sueños y versos. De poesía. Me inundó de su voz y su mirada sucia. Llenó la casa de música, dolor y delicias. Follamos duro, y nos besamos tierno. Me hizo la comida. Las comidas.
Nos hicimos el harakiri, y volé. Dormí. Soñé. Con matices de una fascinación negra y dorada, de sexo y cariño. Decadencia. Me abrió un poco su alma, apartó con la punta de los dedos sus malos pensamientos y los extendió por mi frente suave. Perdidos en mi cuerpo pálido.
Y ahora regalarle mis nostalgias a una voz más dulce. A un alma más pura. A unas manos más grandes. A sueños humildes, una mente extraña. 'Mejor raros', y juntos. La chica triste y el de la capucha. Mejor que me encienda un cigarro con dos dedos, que me acaricie despacito, con vergüenza. Mejor en su cabeza, y que se ría de mis porros. Que quiero pensar que me bajaría despacito las bragas, y me daría papel y cartón, si pudiera verme en bragas, rascando el polen del grinder. Con cuidado. Insegura.
Que quiero pensar que me mordería la boca, y me daría fuego después de verme lamer la pega mientras le miro a los ojos.
Que me coma el coño con la misma ternura con la que cubrió aquel porro de polen, que me arranque sin cuidado la ropa y me cubra de besos. Dientes. Color azulado. De sus marcas. Restos.

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