A flote o por debajo de la piel.
Pero que se quede cerca. Que me abrace. Que sobreviva, que quiera y que se quiera.
Que deje de mentir. Que no se mate. Que sonría. Todos los días del resto de su vida. Por todos en los que su risa muere en un mar de mierda blanca y lágrimas.
Que siga ahí siempre, pretendía. Que estuviera a mi lado y me presentara a sus hijos. A su chica. A aquella tía que consiguiera hacerlo feliz. Que fuera mejor que yo.
Pretendía no perderle, estar a su lado. Ayudar. Ser su risa, no su cruz.
Y me clavé en su pecho, creo. Se lo arranque todo sin saberlo. Y él se llevó mi alegría. El pequeño vampiro sin sangre. El jodido mentiroso. El que duele. Que te rasga el corazón y se fuma el humo del sentimiento de todo aquel que lo ha querido.
No le olvidaré por fingir estar ahí, por llamarme Juanita. Por creerme mágica y creer en mis unicornios. Le querré siempre por abrirme su corazón. Por dejarme ser yo la que secara sus lágrimas. Me llamo pequeña, princesa, y preciosa. Me llamó 'Ella'. Me escribió cada letra dejada caer por su enfermo corazón. Por el que será su ruina sin saberlo.
Le vi reír, llorar. Matarse. Amenazar. Le he visto abrazar, y dar un beso. Le he visto fingir que quería, que confiaba. Le he visto sobre su tabla, surcando mi calle. Cada tarde. Nos hemos invitado a cerveza, coca cola y cacahuetes todo el verano. Fuimos al cine. Lloramos y me abrí. Me volqué. Me enamoré de una parte de él, sintiéndole como se siente a un hermano. La otra aún me asusta. Y otra pequeñita me arrancó lágrimas por dentro.
Nunca te olvidaré. Ni lo bueno que me diste. Ni lo malo. Sobretodo el abrazo que me diste la última vez. Nunca.
No hay comentarios:
Publicar un comentario