Como escribir cuando se te llena la cara de sonrisas a cada minuto.
Cómo, más que con palabras que sólo él entiende, 'amor en el cuello, palpita el pecho'. Tallarines con salsa de queso, miel y champiñones. Sabor tropical en los labios, y pegado a los dedos. Fresas con nata y planes. Galicia, París. Secretos a voces. Esconderme para que me bese, y morderle el cuello. No duele si después de morderme tan fuerte me cura las marcas con besos y saliva. Si me acaricia el cuello con un dedo y me aparta el pelo mirándome despacio. Si deja pasearse a su humo por mis hombros, si me muerde con ternura.
Da miedo, eh. Mirar esos ojos tan oscuros y creer que nos estamos perdiendo sin remedio. Da miedo recordar el daño que podemos hacernos si le dejo perderse en mi piel. Da miedo sentir como tiembla sobre mi cuerpo, como roza mis nostalgias con los dedos, como aprieta sus ansias contra mí y se le llena la mirada de mi nombre, de Decadencia. Guarda secretos. Me lo dicen sus miradas negras. Sus pupilas dilatadas. Pero se me olvida lo que me oculta si veo ese cuerpo pálido y suave, si beso cada centímetro de su piel y arrastro con la punta de los dedos las dudas de su mente. Esconderme. Lo odio. Ir contra todo lo que siento. Que he vuelto a ponerme la capa de desvelos, de 'no me importa'. Que las sombras de mis ojos no las conocéis aún, pero sabéis que existen. Que de vez en cuando vuelven viejos miedos, complejos, problemas. Doler. Le. Dolerles y cortarme. Que se apaguen las sonrisas traviesas, las que me hacen querer buscarte en cada minuto. En cada coma, cada punto y aparte que nunca decimos.
Empiezo a acostumbrarme demasiado a él, y empieza a gustarme desesperadamente la sensación de que aparta telarañas de mis sentimientos. Y no es bueno acostumbrarse a lo bonito, por que cuando acaba, sólo deja lágrimas y más pna, y nos refugiamos en la Autodestrucción, en el alcohol, y otras sustancias, y en camas manchadas de sudor, semen, sangre y corazones rotos. Me asusta volver a lo de antes, y me da miedo quedarme en lo de ahora. Punto de inflexión, y de no haber posible vuelta atrás, no queda espacio. No se puede quedar como está, y no se puede dejar de sentir. Pero no se puede romper. Quebrar la fragilidad de lo pálido de su piel, la oscuridad de sus besos. Romper el furioso deseo que le llena la cara cuando me muerde la boca. Le estoy dando un pedazo de alma, y ni siquiera lo sabe. Tal vez lo intuye cuando se me pasan las horas sin remisión, y la vida sigue corriendo, sin nosotros. Que sólo tenemos labios y dedos y no pueden dejar de tocarse y morderse y apretarse. Nos estamos devorando el alma, me llena cada hueco del día con ese olor. Que siempre se me queda en la piel. Si veo su cara en blanco y negro, y la dibujo con los dedos sobre un papel amarillo.
Ha sido dura la mañana, el tenerlo al lado y no poder comérmelo a besos, a mordiscos, no abrazarlo como quería, no buscarle las cosquillas. Un beso rápido y un fugaz 'muérdeme la boca, que no nos vean', que llego tarde.
Que te quedes a dormir en cada espacio vacío de mi cuerpo y me dejes marcado lo que quieres. Lo que sientes. Que me llenes las mañanas de deseos y caprichos. De cafés con nata y besos, canela. Caricias. Que no hacemos otra cosa que besarnos, mordernos, fumar, rozarnos y susurrar. Mirarnos a los ojos. Asomarme al abismo que crea su boca cuando me sonríe con los labios posados en mis tetas. Mirarle, como se recrea a cada paso por mi piel, tan lento. Tan suyo, tan duro y tan dulce.
Tan él.
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