Y otras veces se me olvida hasta cenar. Pero a veces escribo y confundo los conceptos, y por eso tiro el boli. Verano es paz. Es felicidad. Y es confusión, historias y tardes que se convierten en una única, eterna, en increíble. Hay noches que desapareces sin querer, que pierdes hasta la vida y hasta a tus amigas, por no saber encontrar. Te, y acabas envuelta en una bruma dulce y vibrante que no acaba.
Verano es acostarse y levantarse con los ojos rojos y el alma intranquila, es beber cerveza como agua, es echar de menos, sonreír, fingir y lanzar carcajadas, gemidos, caricias, lagos de lágrimas ocultas y culpa y miedo. A qué. A todos. Vosotros. A no volver a sonreír, a ser una más, a ocultarme demasiado, o demasiado poco. Verano son complejos, pero también quitarse la ropa, y bailar, saltar, gritar contra el cristal, y nunca a favor del viento. Verano es hacer eses de vuelta a casa, o no acertar con la cerradura. Verano es mal humor por las mañanas, y amor y amistad por las tardes.
Verano es felicidad cuando piensas que lo has hecho todo bien. Todo. Verano es tiempo de arreglar la cabeza, de centrar, soñar, pero poco. Verano es hacer planes, y no cumplir la mitad.
Verano es mi vida. Es cumplir años. Piscina. Litros, conversaciones eternas, y humedad constante.
Verano es sudar piel contra piel, dedos retorciendo, y dientes marcando.
Verano es confuso, difícil, entretenido. Punto de inflexión. Verano es dudar cuando escribes. Verano soy yo, más o menos.
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