Y tirar la colilla con desprecio hacia la esquina. Levantar la vista y observar las miradas escandalizadas de cualquier mami con pantalones de colores y bolso caro. De esas que condenan tus pintas. Tus zapatos de plataforma y el pelo rapado y naranja y rojo, y las faldas demasiado cortas y las camisetas demasiado rotas. Esas son las mamis que en el fondo envidian tu descaro, tu mirada traviesa y tu sonrisa irónica. Y ese brillo entre rojo y lágrimas que tienen tus ojos.
Esas son las que en sus noches húmedas despiertan empapadas en sudor, con los ojos muy abiertos, y un vago recuerdo de colmillos desgarrando gargantas en el hueco más escondido de su mente grotesca y plagada de apariencia. Despiertan asustadas, pero sabiendo que el calor húmedo que contiene su entrepierna tiene que significar algo.
Y cuando leo todo eso en sus miradas, les sonrió comprensiva mientras aplasto el cigarro contra el pavimento con mis enormes suelas.
martes, 25 de junio de 2013
Trayectos.
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