sábado, 21 de febrero de 2015

Violento.

A mí misma no me puedo mentir. Llegó el día en que me cansé de huir. Prefiero soñar sola que bailar sangrando por dentro joder, que gritar por costumbre, rutina y obligación. Romper conmigo misma porque dentro está el problema, la causa, el quiste, la raíz. Romperme por fuera para montarme por dentro cachito a cachito, y hacerlo sola, fuerte, sin pausa. Rodeada de calma, amor, letras y paz. Violencia rodeando mi mundo y yo tan callada y quietecita dentro, al fondo. Pasando de las mierdas de nadie y ocupándome un poquito y nada de cada una de vuestras eskizofrenias. Cuando la lucha más grande, el dolor más fuerte, la paranoia más jodida, están en mi cabeza. Un concepto que cambia. Que te cambian y duele, te arranca la identidad, el sentido, las ganas de avanzar y salir del bucle. Sin que ni te enteres hasta el momento cumbre, irrevocable. Hasta el momento en que abres los ojos y crees ver a lo lejos, en el fondo de la oscuridad inacabable de tu coraza rajada, una luz, un destello, un brillo de solución.

viernes, 20 de febrero de 2015

Fuck

No sentís como yo porque no sabríais soportarlo. No podríais. Dolería tanto que en lugar de pecho portaríais una raja, una herida sangrante y palpitante resultado de la necesidad de arrancaros el corazón. El hueco vacío, la sangre y los órganos quedándose sin riego duelen menos que una noche en mi cabeza. Que un segundo en un rincón oscuro de mi mente.

Tiempo.

Estoy tan llena, ardiente y empapada de brillante sexo falso que no me sale en la vida real, joder.

sábado, 14 de febrero de 2015

Sick

La lucha eterna en contra de tus pulsiones y sentimientos, en función de la idea de obsesión y eskizofrenia en la que van a derivar consecuentemente. Luchar contra ti misma, morderte sola la boca por dentro por no morder labios ajenos, por no entrar en juegos peligrosos, por no dejar al sudor libre brotar de tu espalda, a la humedad insoportablemente dulce de sentir las bragas mojadas por una mirada.

Lucho contra mi interior, mi coraza de hierro fundido, lucho contra el mundo entero para abrirme un camino en este mundo de mierda, para diferenciarme en esta sociedad aborregada. Estoy llena de odio, sexo y violencia, de calor y lágrimas, de ganas de besar.
Estoy llena de mí y necesito un habítaculo donde refugiarme. Vaciarme. Saliendo del bucle, sudando mierda, llorando tinta. Busco sensaciones fuertes porque la vida me aburre. Necesito dolor y música alta, gritar en la mañana, esconderme en un arbusto para no salir de mí. Estoy luchando contra mear contra el viento, pero unirme a una meada aguada y conformista me da asco y pereza. 

Búscame joder, jódeme y me encontrarás ardiente, dispuesta, sonriente. Olvídame, y cuando vuelvas a encontrarme, jamás seré la misma.

domingo, 8 de febrero de 2015

La noche más larga del año.

El estremecimiento recorre su espina dorsal, se carga en su corazón, en sus costillas, le parte la respiración, y sale humeante de sus labios entreabiertos, temblorosos. El frío ha llegado, la noche está cayendo. Los árboles silban a su paso, algo la sigue. 
El valle vibra con el alarido de unos bombos insistentes, el aire enrarecido huele a químico y alcohol, a hermandad, a hoguera, a tierra húmeda. La libertad es la palabra dominante, pero ella se siente revuelta, desatada, desorientada incluso. El viento silba y corta las caras y las manos de las almas presentes, se revuelve contra ella, la envuelve y parece querer llevársela. La llena de arriba a abajo en un escalofrío profundo, estremecedor que recorre su cuerpo y la deja congelada, el cerebro inestable. 
Confusa, entre sombras y un ruido que no para, colores rojos, puntos y haces de luz, sustancias que atraviesan su cabeza y hacen que el frío se asiente, triunfe sobre sus órganos excitados y latentes. El frío la está desgarrando, y el fuego le asusta, le transtorna. No puede pensar con claridad, y sólo se levanta y baila. Baila durante horas, delante de una enorme pared negra, que parece viva, vida pura que la envuelve en sonido. 
Sólo así siente que el frío se asusta, se retuerce y la abandona poco a poco, furioso y decidido a encontrar nuevas víctimas para someter a su terrible crueldad. Mientras, en los ojos de ella se hace de día, y el sol asoma entre las montañas, reluciente, cálido. Abriendo sus rayos en un abrazo que sus hijos danzantes, los fugitivos, los que se esconden en la noche, reciben con una sonrisa de sentirse en casa. 
Los cuerpos se estiran, se relajan, se lliberan. Salen de debajo de las capas de ropa para recibir en cada poro una milésima de delicioso calor. Y sólo sonríen y siguen bailando, sin pensar en las horas que faltan para que el puto frío, traicionero y audaz, se cuele con la oscuridad dentro de los ojos de todos.