No sentís como yo porque no sabríais soportarlo. No podríais. Dolería tanto que en lugar de pecho portaríais una raja, una herida sangrante y palpitante resultado de la necesidad de arrancaros el corazón. El hueco vacío, la sangre y los órganos quedándose sin riego duelen menos que una noche en mi cabeza. Que un segundo en un rincón oscuro de mi mente.
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