A mí misma no me puedo mentir. Llegó el día en que me cansé de huir. Prefiero soñar sola que bailar sangrando por dentro joder, que gritar por costumbre, rutina y obligación. Romper conmigo misma porque dentro está el problema, la causa, el quiste, la raíz. Romperme por fuera para montarme por dentro cachito a cachito, y hacerlo sola, fuerte, sin pausa. Rodeada de calma, amor, letras y paz. Violencia rodeando mi mundo y yo tan callada y quietecita dentro, al fondo. Pasando de las mierdas de nadie y ocupándome un poquito y nada de cada una de vuestras eskizofrenias. Cuando la lucha más grande, el dolor más fuerte, la paranoia más jodida, están en mi cabeza. Un concepto que cambia. Que te cambian y duele, te arranca la identidad, el sentido, las ganas de avanzar y salir del bucle. Sin que ni te enteres hasta el momento cumbre, irrevocable. Hasta el momento en que abres los ojos y crees ver a lo lejos, en el fondo de la oscuridad inacabable de tu coraza rajada, una luz, un destello, un brillo de solución.
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