domingo, 31 de mayo de 2015

Roast.

Y es entonces, con la piel de gallina, la voz rota, los ojos brillantes y los labios entreabiertos cuando te das cuenta. No es frío, ni ganas, es el alma que te está temblando por dentro, que se estremece y se revuelve asustada, temerosa de la saliva, el deseo, del hambre que despierta en ella sin que pueda oponer resistencia. Es el alma, que se quiere escapar de mi cuerpo, de tus manos grandes y tu boca que duda. Es el alma, que está tan acojonada de sentir algo de nuevo, de sentir algo por fin, que se me quiere salir del pecho, quiere huir de la rabiosa sensación de querer sentirte más cerca, más dentro, más propio. Está manchada, sufre, duda, recorre sola rincones de la mente donde se enconden los miedos más feos, sólo por la satisfacción de creer que así, se hace frente a sí misma. Reflejo de mi vida y sus consecuencias. Y ahora que se creía iba a llenarse de luz, de suspiros y gemidos por llegar, ahora tiembla de nuevo, confundida, intranquila. Pero segura de sí misma, porque el propio miedo que siente de lo externo, le garantiza un carácter orgulloso y duro, una mentalidad alejada del barro que la envuelve por completo.  Sólo quiero descansar, sentir con intensidad regulada, sonreír mientras sueño, luchar contra lo opuesto y por lo propio. Ser fiel a mí misma, pues es lo único que tengo.

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