Se desmorona poco a poco el mundo de eternas mentiras que nos habían contado hasta ahora. Empezó a caer hace tiempo, pero se desmigajaban tan poco a poco que ver la realidad a través de ellas, era del todo imposible. Pero con el tiempo se abren los ojos, se amplía el pensamiento, se conocen otros mundos, otras mentes, otras posibilidades. Poco a poco las rajas se fueron haciendo más y más grandes, creando precipios imposibles de saltar entre energías. Las lecciones se hicieron más grotescas, más irreales, hasta perder sentido dentro del mundo paralelo dentro de otro mundo diferente que alguien algún día inventó, o creyó vivir en otro lado.
Y cuando se desmorona por completo el muro de mentiras que no has dejado caer en meses, ves que al otro lado sólo hay mierda y más mentiras, una capa gorda de barro y mierda húmeda que cubre toda la ciudad hasta el mismísimo cuello.
Por ahora estoy por encima, sobrevolando la mierda, de la mano de unas pocas y unos pocos que aún considero tan reales como yo. Sólo espero que no me gane el peso del barro que salpica y nunca me arrastre al fondo, que mi realidad prevalezca sobre todas las mentiras que saltan sobre la superficie marrón. Hay tanto barro que todo es negro por naturaleza y ahora que llega el invierno se empieza a ver que todo va a salir más turbio de lo que creía. Que se queden aquí, yo y mi alma sin mácula marchamos lejos, aunque sea de pensamiento. A mí, no me vais a pillar.