lunes, 22 de febrero de 2016

Confusión.

Confusión es una palabra demasiado real como para darle un significado absoluto e innegable, demasiado ruda e intensa en su práctica. La confusión se abre camino desde tus entrañas a través de tus venas, se extiende, se ramifica por todo tu cuerpo y sube, imparable, hasta posarse en tu cabeza. Se queda ahí a vivir, y con sus ondas expansivas, paraliza las acciones normales que lo rodean, lo atrapa todo, y acaba con el desarrollo normal de tu vida. 
Pero la confusión no es imbatible, no es eterna, más que en la medida que queramos permitirle. A veces en la vida de toda persona se cruzan los caminos, pero lo importante es no dejarse vencer por la irremediable colonización de cada una de tus células. La lucha defensiva es imposible en un principio, hay que dejar que el enemigo se instale en su totalidad, para ser capaz de conocerlo, asumirlo. Sólo así una vez identificada cada corriente arrasadora de puta confusión presente puede uno ser capaz de imponerse. Al identificar la confusión, el ser humano es consciente de sus propias limitaciones, pero esto no debe pararle ala hora de tomar decisiones que vayan más allá. La confusión, sorprendida ante un acto tan rebelde capaz de realizarse bajo su mandato, no sabrá reaccionar, y la parálisis permanente se invierte, congelando a un enemigo tan rudo y decidido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario