jueves, 31 de marzo de 2016
Von
El cine es como la literatura pero a veces más completo. A veces más inconcreto porque las palabras correctas llegan donde nada puede, mueven sentimientos que no existen a través de una imagen.
Estoy reacostumbrando a mi cerebro a absorber información crucial para formar una opinión.
Estoy redescubriendo el cine. Me estoy redescubriendo en el cine.
Estoy encontrando una forma alternativa de realizar lo que poéticamente con palabras me ha resultado siempre tan caótico de explicar. Estoy encontrando en el cine algo más que el refugio que siempre ha sido, ahora puedo ver mucho más a través de las imágenes, puedo adivinar porqué o porqué no el plano está distribuido de determinada forma. Veo en los ojos de los protagonistas mi propia desesperación, mi propio deseo, mis propias ambiciones. Me reflejo en unos sentimientos que salen de la pantalla hacia mis ojos y me atrapan con unos dedos pegajosos e invisibles.
El cine es cultura, es propaganda, es una forma de conocer el mundo a través de los ojos de personas totalmente ajenas a ti, a tu visión del mundo y la vida. A través de la visión de alguien que se ha educado en una sociedad totalmente opuesta a la tuya, pero que está consiguiendo hoy, en tu pantalla, que veas todo a través de su mirada, a través de su corte ideológico,en función a la visión que él mismo se haya formado de la sociedad. O de la forma que quiere que creas que lo ha hecho. Puede jugar con tu visión del mundo y la vida sin que ni te enteres, recalcando en cámara determinados objetos, momentos, situaciones. Distintos detalles que conforman la percepción que se recibe de cualquier situación o realidad. Pues la realidad es siempre la que es, pero la percepción, el prisma, varían según el individuo y su situación, ideológica y social. Y aquí reside el secreto mejor evadido del cine.
lunes, 28 de marzo de 2016
Sácame de esta apatía.
miércoles, 23 de marzo de 2016
Amplia confusión, ganas de volver a mí.
domingo, 20 de marzo de 2016
Reflexiones en un tren.
Verdes campos, cielo azul, aire vibrante colándose en tus oídos. Convertir un viaje en tren en una forma de vida, entendiendo el ir y venir de unos improvisados actores. Veinte suben, bajan diez que nunca más subirán... Otra estación, más sucia, más vieja, color gris y un frío eterno, marcas de historia y desconchados húmedos. Un hombre se sube el cuello del abrigo y se arrebuja dentro, mientras prende un cigarrillo justo debajo de la señal de prohibido fumar.
Dicen que el reflejo de una sociedad es la libertad primaria de la que disfrutan sus individuos. Pero nadie decide, define o recalca el acto de rebeldía que supone la libertad individual. Esta va intrínseca en cada uno, está por encima de imposiciones o libertades sociales, es propia, única en cada individuo. Es lo que permite propiamente sentir miedo o conformidad ante la puta falta de libertad social que cada territorio sufre.
Y la rebeldía no es más que la nomenclatura impuesta a aquellos que se atreven a ondear su propia libertad individual, es la capacidad psicológica de no sentir miedo ante el dominio de tu propio yo.
La personal e interna decisión de someterse al sistema o ejercer por tu cuenta tu propia libertad.
domingo, 6 de marzo de 2016
Deep roots.
Que jodido cuando sólo te salen las palabras contigo misma. Que jodido conocer más mundo y descubrir que siempre es la misma mierda. Esa verdad universal que tantos retrasados se atreven a negar con puño americano y un bate de béisbol. Que todo es la misma mierda, separada por una barrera totalmente impuesta y falsa compuesta de una variante estructura de educación y una cultura y pasado ligeramente cambiantes entre sí. Esta imposición política y social que nos viene desde arriba teje unas redes irrompibles, muros, alrededor de los países y las personas. Nos impide traspasar esa barrera y ver lo único cierto e irrebatible sobre la tierra: que todas las personas somos personas; todos cumplimos los mismos patrones de comportamiento en las acciones básicas, la psicología y las estadísticas están ahí, existen. Y demuestran irrefutablemente esta realidad que también por estadística tantos imbéciles se niegan a ver. Algo tan cierto como que lo único necesario para que dos personas se entiendan no es tan básico como hablar la misma puta lengua, sino la simple y pura voluntad de entender y que el otro entienda.