Siento que ni sé como empezar, ha pasado tanto tiempo sin sentarme conmigo misma que parece que me he olvidado de algo tan esencial. Me persiguen los demonios, qué coño, los tengo en el hombro, susurrándome al oído. Y de alguna manera, qué pasa. Me siento a ratos como nunca, a ratos peor que nunca. Es lo que tiene ir conociéndose. Ser consciente de tus mierdas.
Supongo que al fin y al cabo, la mierda nunca fue del todo mala. Es bueno saber a qué huele para aprender a evitarla, no caer siempre en la misma puta boñiga.
Y es que a veces, ni aún así. Aquí estamos otra vez amiga, haciendo el gilipollas con todas las de la ley. Y lo puto bien que sienta, no lo sabe nadie. El efecto 'jodía pero contenta' es arrollador, el sentir que vuelvo a mi ser, que me vuelvo a querer, que quiero volver a estar llena de vida, de mí misma, de luz, de colores de todas las gamas, desde el negro más oscuro y opaco al rosa furcia más chicle de la puta fiesta.
Pero ay, amiga. Que mi cabeza es un pozo y a veces, me confundo, me cohibo, me vengo abajo, dudo de mí misma y de mis circunstancias. Y aún así... A veces al fondo del pozo, llega una lucecita. Que hoy es tenue, no brilla como solía, pero está ahí. Un resplandor azulado, eléctrico, como si lejos, muy lejos del pozo, como en otra dimensión paralela. cayera un rayo enorme, desesperado, jodidamente delicado.
Otras veces llega un sonido estruendoso, como de concierto de música punk, un sonido grave y arrollador que hace que el pozo se llene de alientos, de ruidos anhelantes, de saliva, ruido de dientes, bufidos, sonidos sucios que llenan la oscuridad. Un él que hace que todo se llene de sabor amargo, y a la vez tan dulce... Todo se reduce a unos dedos empujando mi lengua, a unos labios rozando rincones, a ese delicioso hueco entre las caderas y la delicada piel del pubis, tan cálido como para quedarse una eternidad a dormir en esos colores.
Y todos esos sonidos, esos destellos eléctricos, esos guiños traviesos, esas palabras que en realidad te destapan, toda esa mierda caótica, al final pone a mi pozo en su sitio. Y mi cabeza sale de él, por puto extraño que parezca, cada mañana con una sonrisa.
Y es que es probable que todo esto parezca inconexo, se lea extraño, carezca de sentido para el mundo exterior. Pero sale de mis dedos, y más aún, sale del fondo de un corazón que no sabe por donde volver a pegarse desde hace eternidades.
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