domingo, 24 de noviembre de 2019

Probando(me)

Es increíble lo básico que es el ser humano en sus reacciones, y la belleza que existe en la sutilidad de los detalles. Cómo los cuerpos se hablan solos, sin palabras, se tocan, se escuchan. Cómo una energía que lo arrastra todo sale del cuerpo y choca con otra, a veces casi con violencia. Hablar con los dientes, con la presión en el cuello, hablar con los dedos separando, acariciando, arrastrando, arrasando todo rastro de cordura que queda en mi cabeza, hablar sin decir una palabra, sin emitir un mensaje que no sea el cuerpo cálido, la humedad mojándolo todo, unas manos tirando de mi pelo, unos dedos abriendo mis labios, una gota de saliva resbalando despacito, pegajosa, entre sus dedos calientes. Unos labios que se fruncen delicada, deliciosamente, en una mueca de placer incontenible, tan jugoso, que me da hambre de nuevo al recordarlo en estas noches tan frías.
Y sin embargo es justo ahora cuando me debo a mi misma, no al momento ni al lugar, solo a mi misma. La oscuridad y el frío suelen ir de la mano, pero eso tampoco ha sido nunca un problema. La oscuridad siempre fue mi momento favorito, 'las cuatro de la mañana conocen todos mis secretos', y en realidad los caprichos, están hechos para ser efímeros, deliciosos e irresistibles. Y cálidos.

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