miércoles, 12 de agosto de 2020

XV. El diablo.

 La puerta abierta, en llamas. Una corriente de aire ardiendo, humo negro y denso, rojo, oscuridad, sombras. Atraviesa la entrada (¿ O está saliendo?) con paso lento pero firme, una figura no muy grande. Y se ve a si misma reflejada, saliendo de las llamas. Ella es la hija del diablo, cómo ha podido olvidarlo. Ella es la heredera de las estrellas negras y rojas, señora del fuego, una bruja, un ser oscuro y empoderado. 

Observa sin miedo su piel tersa y roja, que rezuma sangre. Sus pezones, negros como los ojos, un pozo de desesperación, la cuna del caos. Puede ver cómo se iluminan con un brillo perverso, que invoca a la muerte. Mira sus manos, que terminan en unos dedos largos y negros, afilados como las uñas de una trapera. Y devuelve la mirada a sus ojos, y se sonríe. Al otro lado del fuego, la figura roja y negra sonríe también, y sus dientes son afilados, negros y marfil, y están cubiertos de sangre, y jirones de carne rosada y jugosa. Y de repente ya no se está mirando, porque vuelve a si misma y está naciendo de nuevo de entre el fuego, la sangre, y la carne muerta.

Su sonrisa se hace más amplia, mientras toma conciencia de su ser, y despliega unas alas bellas y pesadas, hechas con la misma oscuridad de mil gritos de terror. La hija del diablo ha recobrado su ser, ha escapado de la alienación que sólo la estúpida distracción de una polla bonita y venosa puede provocarle. 

Pero ahora ha llegado su momento, y está lista, sus negros dientes y uñas afilados como agujas, el veneno latiendo en sus glándulas, y el corazón muerto y podrido del mismísimo diablo descansando en su pecho. Esta noche hay luna llena. Mamá Luna no quería perderse el último temblor de unos corazones tan suaves y tiernos, tan llenos de vida y sangre salada. Esta noche será negra y roja, teñida con los gritos y la sangre de todos aquellos en su camino. Y los gritos que se sumarán a sus alas los últimos, serán los de él. Suplicando por su corazón y su orgullo, suplicando por mantener su sangre dentro del cuerpo. Inútilmente. 

Y por último un estertor saliendo de sus labios, que ella lame con una lengua afilada y reluciente de rojo. Acaba de comerse al hijo del diablo. Ahora el reinado es suyo.

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