Todo empezó cuando descubrí que no sabía verbalizar en voz alta con palabras coherentes, lo que estaba sintiendo. Tal vez, en realidad, todo empezó cuando aprendí a darme cuenta de que sentía de una manera tan intensa y profunda, que no encontraba jamás las palabras para expresar por completo lo que estaba naciendo en mí. No sé cuándo coño empezaría todo, pero me di cuenta no muy tarde, de que necesitaba no sólo expresar en palabras estos sentimientos, no me bastaba definir en voz alta con términos sencillos. Necesitaba coger las palabras, y crear con ellas un puto universo, para hacer entender la inmensidad de lo que crecía en mi cabeza. La única manera que encontré, es escribir. Es lo único que me permite formar y deformar las palabras hasta que toman el matiz que necesito plasmar.
Porque, aunque nunca sepa decirlo en alto, lo siento muy hondo, me afecta muy dentro. Me mata verbalizar algo y ver que se desinfla, que pierde color, esencia. Que deja de ser algo mío. Me mata que me tiemble la voz y me traicione.
Pero sabes. Ya me cansé. De no saber expresarme sino me paro a pensar. De camuflar en millones de palabras, espacios, y puntos seguidos, todo aquello que me está impidiendo avanzar. Ahora voy a aprender. A entender la explosión de sentimientos que me enturbian la mente, a organizar y gestionar la sobrecarga emocional. A identificar cada trozo de sentimiento que se me clave en el alma, para saber sintetizarlo en una palabra, y poder escupirlo a la cara de quien sea. Sin dudas, sin temores. Lo que siento es mío, es lícito, es válido. Lo que siento es lo primero. Si no acepto yo lo que siento, si yo misma no le doy valor y lo pongo por delante, no sirve para nada la intensidad de sentir. Sólo para seguir cavando una herida profunda y sangrante en la parte de mi ser que decide lo que siento.
No me puedo seguir dañando así. Porque con cada nueva gota de sangre, muere algo mío para siempre. Y ya he muerto demasiadas veces, perdiendo brillo y resplandor con cada herida sin curar.
Me he propuesto sanar y reparar cada sentimiento perdido, escondido, rechazado. Ya no me avergüenzo de lo que siento. Más vergüenza me daría seguir escondiéndome en excusas para no permitirme querer sin reparos. ¿Qué hacemos con el miedo?