Este debería ser ese año en el que empiezo a pensar con mi coño, y dejo de pensar con la cabeza de otro. Porque a mí no me piensa nadie. No soy una prioridad, esos son los hechos. Pero que debe ser algo que desprendo, con mi mal disimulada falta de confianza. Me mino la moral sin darme cuenta, porque me dejo no ser nadie en las manos de cualquiera. Como si cualquiera de esos mierdas te mereciera un sólo trocito de pensamientos negros y espirales.
Que las dependencias son mías, mis demonios míos, mis paranoias, mías.
Pero que soy mucho más que todo eso que se ve, primitos. Que eso, ya se sabe también. Que al final brillo tanto que ciego, y claro. El resplandor no te deja ver la magia, gilipollas. Porque no cualquier ojo puede ver las corrientes. Porque los destellos de energía amarilla y azul sólo los ve el que se lo merece. Y que eh. Aún así, a veces, tampoco se les permite verme en toda mi fluidez.
Y cómo se les va a permitir. Soy como la hija de una vampira con el puto Satán, plebeyos. A lo mejor todo eso que me mina la moral es justo lo que debería. Hacerme arder en vez de brillar. Yo no me dejo conocer, pero sé lo que soy. Es más fácil no valorarme a mí, que luchar contra el hecho implacable de que soy mejor que todos vosotros. Estoy por encima pais, sobrevolando vuestros planes y pantallas, y abriendo unas alas negras para volar alto. Y cagarme en todo por encima de vuestras cabezas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario