No será nunca por que nunca acaba. Nunca se borra, joder. No desaparece.
Si hace casi un año que huí de tu cuerpo, de tus besos.
Si hace casi un año que decidí que quería quererme. Que quería ser feliz, libre. Aprenderme de memoria cada rincón de mi misma, cada parte de mi cuerpo, cada escondite de mi propia mente.
Y apareces una y otra vez, de repente, sin previo aviso. Y pienso en ti, que quedaste tan lejano, que fuiste tan grande. Tan importante. Que doliste tanto, y me hacías sonreír.
Que me corrías el rimmel con lágrimas, me follabas despacito, y perforabas cada letra que salía de mi boca.
Que me echabas de tus sábanas. Dependí de ti. Era tuya, y no lo hubiera cambiado por nada.
Segura en tus brazos, cómoda en tus besos.
Y tímida, sin confianza y triste cuando me separaba de ti.
Ni era sano ni era bello. Dolía, más que nunca nada. Pero lo necesitaba. Te necesitaba. Te esperaba, te deseaba. Y ahora que soy otra, ahora que soy dura, cabezota, que he vuelto a ser una cría. Ahora que soy más segura, que me quiero, un poco al menos. Ahora vuelves a veces a mi cabecita loca, y das vueltas. Y vueltas. Y vueltas...
Y jamás nos entenderé, ni brillarán los recuerdos de mis medias en el suelo de tu cuarto.
No te quiero. No te necesito. Pero a veces echo de menos tus brazos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario