miércoles, 4 de diciembre de 2019

Las cosas bonitas se disfrutan. No se poseen.

Me lo digo a mí misma mientras el escalofrío húmedo que me trae el pensamiento me agita desde atrás el calor entre las piernas.
Me lo digo a mí misma mientras pienso en unos dedos que, también desde atrás, apartan casi sin querer la tela de mis bragas.
Me lo digo a mí misma mientras recuerdo el calor imperceptible, el tacto casi imaginado de esos dedos que me rozan sin tocarme, tan suavemente, con tanta puta delicadeza. 
Me lo digo a mí misma mientras esa boca bella se para en la curva de mi cuello, casi susurra, me remueve, hace que sin darme cuenta, casi sin rozarme, me haya puesto tan húmeda que siento mojados los muslos. Y es que ya no estoy aquí, estoy en otro lado, en otra habitación, desnuda. 
Pero sigo diciéndome lo mismo, aunque los suspiros no dejan que se entiendan las palabras.
Intento dominarme pero me tiemblan las piernas entre sus brazos, me tiembla el alma cuando la palma de su mano choca contra mi culo. Sus dedos se quedan marcados en mis muslos, en mi coño. La palma de su mano grabada en mis cachetes. Algo cálido, suave e intenso estalla en mi pecho.
Y yo me sigo diciendo, que las cosas bonitas se disfrutan, no se poseen. Pero es algo inútil cuando unos dedos se cuelan hasta mi garganta, cuando me aprieta tan fuerte, cuando sus manos me rodean el cuello y me falta el aire, y así sin querer me corro con él. Es algo inútil cuando el todo se apodera de ti, cuando estás tan puto perdida que sólo quieres encontrarte en un jodido orgasmo, cuando sólo quieres oler su sudor mientras está encima, detrás, debajo, o mirándote a los ojos. 
Y yo hablando de encontrarme a mí misma. Vuelvo a la realidad, sin quererlo también. 
Pero aquí estoy, luchando conmigo, diciéndome sin parar que las cosas bonitas se disfrutan, no se poseen. Que las rosas mueren si las cortas, las mariposas mueren si tocas sus alas, y las cosas bonitas mueren si no las dejas ser. De verdad. Más rosas tatuadas, menos rosas en jarrones.
Más espinas en mi pecho, porque yo misma las clavo despacito, haciéndome sangrar, temblar. A veces de puro placer mientras miro como se abren las heridas y la sangre fluye lenta, y tan caliente.


archivado

Para escuchar en días grises, versos grises, letras tristes. Para sentir en días grises que eres más profundamente gris. Para meterte en un agujero de oscuros matices y regodearte dentro.
Porqué nos gusta tanto nadar en mierda es algo que aún escapa a la mayoría, pero como no va a gustarnos regodearnos en el más puro instinto humano, como no arriesgar para perder y luego poder decir, estoy hecha una puta mierda pero puse todo lo que estaba en mi mano. Y nada hay más importante cuando luchas por dejar de vivir por inercia.

Encontrar qué. No a quién.

Y aún así.

Y aún así, con cada gota de vida que saboreo en su saliva, siento también el amargor acre del miedo, que acecha detrás del hueso de su cadera. Siento algo que me oprime desde adentro. La intensidad de sentir tan duro y fuerte como sólo yo puedo hacerlo. Mi toxicidad natural, pudriendo todo lo bonito desde antes de forjarse. Mi puta cabeza aún tiene que trabajar, abrirse, quererse, descubrirse, sentirse.
Mi alma antes tan libre necesita respirar de nuevo, abrir la boca y que el aire fresco y lleno de vida se cuele, que entre cerrando de un portazo todas las mierdas abiertas y rotas que tengo por dentro. Estoy esperando un soplo de aire fresco que me cure, me calme, que reabra mis viejas heridas para permitirme sanarlas de nuevo. Porque la toxicidad natural puede derivar en caos, destrucción, dolor, pero bien llevada puede producirte una jodidamente maravillosa intoxicación psicotrópica, psicoactiva, delirante, febril, llena de color, y aire, más aire, más aire puro y fresco, y lleno de risas.
Tengo que aprender a construir, a construirme. No a destruirlo todo y envolver los trozos en oscuridad, escondiéndolos en los pliegues más profundos y sangrantes de la piel.
 Lo bonito es conocerse, digo siempre. Pero más aún conocer la verdad en el fondo, aceptarse, y decidir qué cambiar para ser un mejor yo, con los demás, con mi alma propia. Sentir qué es la pureza, de donde sale algo tan puro como querer sin dudas, sin reparos, sin complejos, sin rencores, sin negatividad.
Necesito encontrar mi pureza. Necesito encontrarme. Necesito primero perderme, perder a la persona en la que me he convertido en algunos aspectos, y empoderar, enaltecer, tirar parriba a la mujer que estoy empezando a ser. Que soy una montaña rusa es innegable. No sé apenas lo que pasa por mi cabeza ahora mismo, no digamos lo que pasa más adentro, más profundo. Mi problema siempre fue que me importa poco, o nada, casi todo. Ahora mi problema es que me importa mucho, demasiado, todo. O casi todo.

Y así estáis todos... LIMI TADOS.

Limitados... Por el entorno, las dudas, los miedos, limitados por el qué dirán, por la familia, los amigos, la pareja. Limitados por la vida, los medios, el gobierno, el trabajo, los estudios.
Limitados por esa sensación chunga que nos oprime el estómago por dentro, nos aprieta las tuercas, tensa nuestros nervios, destroza nuestras mandíbulas.
Limitados en definitiva, y únicamente por nosotros mismos, nuestras excusas, nuestro pánico a la vida, a los sentimientos, a dejar ver lo que somos, sentimos, creemos, queremos.
Ya no le pongo barreras a lo que siento, lo dejo ser, existir, crecer. Estoy saboreando cada instante, dejándome llevar.

Y aún así.

domingo, 24 de noviembre de 2019

Selfcare

Siento poco a poco como se tensan las cuerdas a mi alrededor. Sobre mis muñecas, mis caderas, mi cintura. Se aprietan poco a poco sobre mis tetas e incluso me aprietan un poco en la entrepierna. Casi sin querer empiezo a rozarme, a palpitar. Él parece sentirlo, la cuerda tensa un poco más. Un escalofrío empieza a subir por mi espalda. Un calor que empieza a arder entre mis muslos, que hace que sin tocarla, la cuerda me apriete más. La sangre caliente fluye por mi cuerpo, y en segundos, los escalofríos se convierten en puro fuego subiendo por mi espalda, bajando hacia mi culo. Y enseguida que me descubre estremeciéndome, unos dedos se acercan a la cuerda que me aprieta el coño, y la sueltan un poco para acariciarme casi sin tocarme, y unos labios hambrientos cubren mi cara, mi boca, mi cuello, me rozan apenas, o me llenan de saliva. Apenas hay palabras, sólo sonidos desesperados, miradas casi agónicas, suspiros. Sólo sudor y humedad, unos dedos apretando mi cuello, casi dejando marca, ojos en blanco, gemidos entrecortados, mucho calor. Las cuerdas, inútiles, cuelgan sobre mis tetas, rozan apenas mis pezones, que están duros y rojos. 
Por un momento creo que me muero, mirándote a los ojos, viendo como se escapa de ti otro último aliento, tu boca deliciosa en una mueca incontenida. 

Probando(me)

Es increíble lo básico que es el ser humano en sus reacciones, y la belleza que existe en la sutilidad de los detalles. Cómo los cuerpos se hablan solos, sin palabras, se tocan, se escuchan. Cómo una energía que lo arrastra todo sale del cuerpo y choca con otra, a veces casi con violencia. Hablar con los dientes, con la presión en el cuello, hablar con los dedos separando, acariciando, arrastrando, arrasando todo rastro de cordura que queda en mi cabeza, hablar sin decir una palabra, sin emitir un mensaje que no sea el cuerpo cálido, la humedad mojándolo todo, unas manos tirando de mi pelo, unos dedos abriendo mis labios, una gota de saliva resbalando despacito, pegajosa, entre sus dedos calientes. Unos labios que se fruncen delicada, deliciosamente, en una mueca de placer incontenible, tan jugoso, que me da hambre de nuevo al recordarlo en estas noches tan frías.
Y sin embargo es justo ahora cuando me debo a mi misma, no al momento ni al lugar, solo a mi misma. La oscuridad y el frío suelen ir de la mano, pero eso tampoco ha sido nunca un problema. La oscuridad siempre fue mi momento favorito, 'las cuatro de la mañana conocen todos mis secretos', y en realidad los caprichos, están hechos para ser efímeros, deliciosos e irresistibles. Y cálidos.

Olds

Puedo hacer con las palabras lo que quiera, puedo hacer bailar las letras para ver como se estremece tu columna vertebral, puedo mover las palabras hasta hacerte comprender que en realidad el cielo es de color verde esmeralda. Podría hacer que te enamoraras de mí, o conseguir en dos palabras que me odies al instante, con una rabia instintiva y primigenia que te sorprendería incluso a ti. Puedo hacer que sientas susurros en la nuca con utillizar dos frases, y que se te ponga la piel de gallina, estremecer tu columna y ponertela dura, puedo provocar con mis palabras sólo un deseo salvaje y delicioso, que salga de lo más profundo de tus entrañas y te haga querer cogerme del pelo, agarrarme del cuello.
Puedo hacer lo que me proponga sólo con mis dedos y la magia que sale de ellos en forma de corriente eléctrica y energía, contagiando las palabras de mi esencia, dejando una marca de lo que conforma mi alma en las frases que formo con palabras en principio carentes de sentido.
La poesía es accesible sólo a las almas más energéticamente sensitivas, que se sacuden por dentro antes de pretender sacudir nada.

¿El caos dentro del orden?

Siento que ni sé como empezar, ha pasado tanto tiempo sin sentarme conmigo misma que parece que me he olvidado de algo tan esencial. Me persiguen los demonios, qué coño, los tengo en el hombro, susurrándome al oído. Y de alguna manera, qué pasa. Me siento a ratos como nunca, a ratos peor que nunca. Es lo que tiene ir conociéndose. Ser consciente de tus mierdas.
Supongo que al fin y al cabo, la mierda nunca fue del todo mala. Es bueno saber a qué huele para aprender a evitarla, no caer siempre en la misma puta boñiga.
Y es que a veces, ni aún así. Aquí estamos otra vez amiga, haciendo el gilipollas con todas las de la ley. Y lo puto bien que sienta, no lo sabe nadie. El efecto 'jodía pero contenta' es arrollador, el sentir que vuelvo a mi ser, que me vuelvo a querer, que quiero volver a estar llena de vida, de mí misma, de luz, de colores de todas las gamas, desde el negro más oscuro y opaco al rosa furcia más chicle de la puta fiesta.
Pero ay, amiga. Que mi cabeza es un pozo y a veces, me confundo, me cohibo, me vengo abajo, dudo de mí misma y de mis circunstancias. Y aún así... A veces al fondo del pozo, llega una lucecita. Que hoy es tenue, no brilla como solía, pero está ahí. Un resplandor azulado, eléctrico, como si lejos, muy lejos del pozo, como en otra dimensión paralela. cayera un rayo enorme, desesperado, jodidamente delicado. 
Otras veces llega un sonido estruendoso, como de concierto de música punk, un sonido grave y arrollador que hace que el pozo se llene de alientos, de ruidos anhelantes, de saliva, ruido de dientes, bufidos, sonidos sucios que llenan la oscuridad. Un él que hace que todo se llene de sabor amargo, y a la vez tan dulce... Todo se reduce a unos dedos empujando mi lengua, a unos labios rozando rincones, a ese delicioso hueco entre las caderas y la delicada piel del pubis, tan cálido como para quedarse una eternidad a dormir en esos colores. 
Y todos esos sonidos, esos destellos eléctricos, esos guiños traviesos, esas palabras que en realidad te destapan, toda esa mierda caótica, al final pone a mi pozo en su sitio. Y  mi cabeza sale de él, por puto extraño que parezca, cada mañana con una sonrisa.
Y es que es probable que todo esto parezca inconexo, se lea extraño, carezca de sentido para el mundo exterior. Pero sale de mis dedos, y más aún, sale del fondo de un corazón que no sabe por donde volver a pegarse desde hace eternidades.