jueves, 4 de marzo de 2021

Patada y fuera.

Todo empezó cuando descubrí que no sabía verbalizar en voz alta con palabras coherentes, lo que estaba sintiendo. Tal vez, en realidad, todo empezó cuando aprendí a darme cuenta de que sentía de una manera tan intensa y profunda, que no encontraba jamás las palabras para expresar por completo lo que estaba naciendo en mí. No sé cuándo coño empezaría todo, pero me di cuenta no muy tarde, de que necesitaba no sólo expresar en palabras estos sentimientos, no me bastaba definir en voz alta con términos sencillos. Necesitaba coger las palabras, y crear con ellas un puto universo, para hacer entender la inmensidad de lo que crecía en mi cabeza. La única manera que encontré, es escribir. Es lo único que me permite formar y deformar las palabras hasta que toman el matiz que necesito plasmar.

Porque, aunque nunca sepa decirlo en alto, lo siento muy hondo, me afecta muy dentro. Me mata verbalizar algo y ver que se desinfla, que pierde color, esencia. Que deja de ser algo mío. Me mata que me tiemble la voz y me traicione.

Pero sabes. Ya me cansé. De no saber expresarme sino me paro a pensar. De camuflar en millones de palabras, espacios, y puntos seguidos, todo aquello que me está impidiendo avanzar. Ahora voy a aprender. A entender la explosión de sentimientos que me enturbian la mente, a organizar y gestionar la sobrecarga emocional. A identificar cada trozo de sentimiento que se me clave en el alma, para saber sintetizarlo en una palabra, y poder escupirlo a la cara de quien sea. Sin dudas, sin temores. Lo que siento es mío, es lícito, es válido. Lo que siento es lo primero. Si no acepto yo lo que siento, si yo misma no le doy valor y lo pongo por delante, no sirve para nada la intensidad de sentir. Sólo para seguir cavando una herida profunda y sangrante en la parte de mi ser que decide lo que siento.

No me puedo seguir dañando así. Porque con cada nueva gota de sangre, muere algo mío para siempre. Y ya he muerto demasiadas veces, perdiendo brillo y resplandor con cada herida sin curar. 

Me he propuesto sanar y reparar cada sentimiento perdido, escondido, rechazado. Ya no me avergüenzo de lo que siento. Más vergüenza me daría seguir escondiéndome en excusas para no permitirme querer sin reparos. ¿Qué hacemos con el miedo?

miércoles, 3 de marzo de 2021

No estoy dentro del espejo. Estoy detrás de la pared.

Con una calma deliberada, atravieso el agujero en la pared. Despacio, disfrutando del instante, saboreando el olor de una piel que aún ni he visto. El pie derecho pisando tierra marrón , el izquierdo, tierra gris y pedazos de escombro. Una mano se apoya distraída en la pared pintada con spray azul, y acaricia la pintura descascarillada. Estoy tranquila, no tengo prisa. No tengo nada más delante que el mismo instante. Nada más que un ansia que lucho por calmar, por ignorar. Por eso, ralentizo todavía más mis pasos. Hasta que no puedo evitarlo, no levanto la mirada. Porque ya sé que te voy a encontrar allí. Dentro del agujero.

Dentro de un sueño escondido, encapsulado y guardado en las profundidades de. Algo. No lo bastante profundo como para evitar que algo tan vivo, tan vibrante, tan eléctrico. Salga siempre a la superficie.

Y cuando levanto la mirada para buscarte, ya estás ahí. Con tus ojos clavados en los míos. Y cómo voy a luchar contra algo que siento tan dentro desde. Ya casi siempre joder. Nuestros labios no se buscan, ya se han encontrado. No puedo evitar lamer despacito esa boca, mientras me devoras como si. Nunca me hubieras desaprendido. Se me acelera el pulso, y siento como me tiembla el cuerpo, los labios. Siento ese olor tan extrañamente familiar, y tus manos morenas, largas. Grandes y fuertes, buscan en mi cuerpo el mapa que trazaron hace lo que parece un puto millón de años luz, pero a la vez, ayer, hace un rato.

Nos devoramos durante lo que parecen a la vez horas, y a la vez segundos. No quiero que acabe nunca la humedad entre mis piernas, en tus labios. Lamo tus dedos despacio y desesperada al mismo tiempo. Me siento ahogada, con tus dedos empujando mi saliva, mi lengua. Se me mojan las bragas, acaricio tu espalda, la goma del pantalón. Tus dedos me aflojan el chándal, y siento tus caricias suaves bajando suavecito mis bragas empapadas. Respiro hondo en tu boca, y te relamo. Los gemidos se me escapan hace rato, tus manos aún no han entrado en mis bragas, pero casi siento como estoy estallando por dentro, en explosiones eléctricas, el mismo azul brillante cegador de siempre, el mismo éxtasis. De mis labios entreabiertos cuelga un hilo de saliva espeso, que acaba en tus dedos.

Para.

No. No pares nunca por favor. Después de desaprender tanto tiempo las marcas de tu cuerpo sólo necesito. 

Sigue. Siento como sus dedos me retiran las braguitas, noto como me acaricia muy suavemente. Me tiemblan las piernas mientras busca en los pliegues de mi entrepierna, mientras noto como estoy mojando sus dedos, que aceleran la búsqueda, el ritmo. Una mano en mi coño, la otra me aprieta fuerte el culo, hasta hacerme marca. Cuando me tiene marcada, vuelve a buscar mi boquita, mi saliva, mi cuello. Aprieta fuerte cada punto de mi cuerpo, justo donde estoy esperando. No hacen falta palabras entre dos cuerpos que llevan buscándose media vida, sólo humedad y gemidos, miradas perdidas por el placer y el ansia de encontrarse. Encontrarte. Me corro en sus dedos, y sigue acariciándome hasta que casi no puedo mantenerme de pie. Me besa una vez más, acariciándome el pelo, sonriendo, con un brillo azul eléctrico en esa mirada oscura y cálida. 

Y de repente, el agujero en la pared parece hacerse más grande, y el pedazo de tierra lleno de escombros, más pequeño. Y un torbellino ocupa pronto el lugar del agujero, y siento como me absorbe y me absorbe, y me aparta de todo. Pero de repente siento calor en la mano, y al mirar me estás cogiendo los dedos. Y el torbellino empieza a aclararse, y veo como se hace más y más pequeño.

Suelto tus dedos, te beso en los labios, en las mejillas, en los ojos. Lamo casi desde lejos tu boca una vez más, y me doy la vuelta, ajustando el cordón del chandal. Cuando vuelvo a abrir los ojos, estoy muy lejos del agujero. Estoy en casa, en la cama. Con el edredón enrollado en la cintura, y el pantalón del pijama por las rodillas. Aún tengo los dedos metidos en las bragas, y empapados.

No sé no soñar con todo. No sé vivir soñando. Soy contradicción y ensueño. Quiero ser universo.
Pero mi propio universo primero. Aún así, al otro lado del agujero. Dentro del sueño dentro del sueño, estoy siempre. Y siempre estoy, esperando a que me quites las bragas y me digas. Que has soñado con esto las mismas veces que yo.

Alpiste.

Migajas. Trozos, recortes, descartes. Lo que sobra de lo aprovechable. El recicle.
No lo quiero más, loco. Quiero el bistec, la chuleta, el chuletón, un pedazo de wagyu. Quiero la mejor categoría, el calibre más gordo y parejo, la pieza más reluciente joder. Porque me merezco todo lo que pido, incluso podría decirte que un poco más. Empiezo a mirarme con otros ojos, con los míos. Y veo la mujer que soy, y veo también al lado la niña que era. A cada una la culpo por algo. Hasta ahora. Ahora, a cada una le agradezco algo. No sería yo sin mis defectos, pero es que también amo esos defectos, joder. Hablan más a mi favor que mis virtudes, menos en mi contra que los ojos de todos esos mierdas que me miran con un filtro de superioridad. Hay de todo, pero entre el susto y la indiferencia me quedo conmigo.

Sentirme parte de una peli de sci-fy, porque mis casualidades, tragaderas, y cíclicas espirales, no las aguanta nadie. Ay, si yo te contara. Coches, casas, calles, personas, canciones. Momentos raros, coincidencias que no aguantaríais encontraros. Mi vida es mía, o una peli de Medem. Aún no lo sabemos, ni él ni yo. Igual aún estoy por escribir, por eso toda esta confusión en mi mente. La historia está toda a medias, y se te están saliendo los folios en blanco por las orejas. 

Y lo que pasa en realidad es que esta apatía rara que me invade desde casi siempre, no me deja ver casi nunca lo profundamente intenso que lo siento todo. No soy consciente hasta que me la pego que flipas, de que me dejo llevar, y no pienso en daños colaterales. Y es que ya me he cansado de esconder lo que siento. Es agotador parchearme a mí misma todo el puto día, pintar sonrisas sin ganas, bromear con el corazón en un puño. Es agotador seguir fuerte por fuera cuando por dentro está todo esparramado por un suelo que no es que no se vea. Es que no existe. Agotador fingir que no quiero , que no odio, que no amo. Que no estoy triste. Sí estoy, sí quiero, sí odio, sí lloro.

Y ahora, voy a volar hasta mojarme con las nubes.

¿Cuervo o paloma?

 Este debería ser ese año en el que empiezo a pensar con mi coño, y dejo de pensar con la cabeza de otro. Porque a mí no me piensa nadie. No soy una prioridad, esos son los hechos. Pero que debe ser algo que desprendo, con mi mal disimulada falta de confianza. Me mino la moral sin darme cuenta, porque me dejo no ser nadie en las manos de cualquiera. Como si cualquiera de esos mierdas te mereciera un sólo trocito de pensamientos negros y espirales. 

Que las dependencias son mías, mis demonios míos, mis paranoias, mías.

Pero que soy mucho más que todo eso que se ve, primitos. Que eso, ya se sabe también. Que al final brillo tanto que ciego, y claro. El resplandor no te deja ver la magia, gilipollas. Porque no cualquier ojo puede ver las corrientes. Porque los destellos de energía amarilla y azul sólo los ve el que se lo merece. Y que eh. Aún así, a veces, tampoco se les permite verme en toda mi fluidez.

Y cómo se les va a permitir. Soy como la hija de una vampira con el puto Satán, plebeyos. A lo mejor todo eso que me mina la moral es justo lo que debería. Hacerme arder en vez de brillar. Yo no me dejo conocer, pero sé lo que soy. Es más fácil no valorarme a mí, que luchar contra el hecho implacable de que soy mejor que todos vosotros. Estoy por encima pais, sobrevolando vuestros planes y pantallas, y abriendo unas alas negras para volar alto. Y cagarme en todo por encima de vuestras cabezas.

domingo, 21 de febrero de 2021

¿Está seguro de que quiere rescatar el archivo?

Siempre me sentí fuera de lugar, desde pequeña. Fuera de lugar no quiere decir que haya tenido nunca problemas para relacionarme, ni para juntarme a un grupo; mi desituación siempre ha estado más relacionada con el simple convencimiento de no encajar en ningún lado, casi por propia decisión, y simplemente como una forma de reafirmación personal. Siempre he huido de 'encajar' en un grupo establecido, porque bf, demasiado trabajo para que no sirva de nada. Imposible encajar tantas piezas distintas a la vez en una pieza clave y homogénea.
Simplemente a lo mejor nunca he valorado nada tanto como para aceptarme a mi misma como parte de ello. Mi convicción de no pertenecer a nada es lo que me ha salvado al final en puntos críticos de mi vida, pero una realidad también innegable es que muchas veces me he visto evocada a tan negros momentos por esa misma convicción de individualismo, de yo sola puedo. Y no es eso, no es un yo por encima, es que soy tan orgullosa que no quiero pedir ni aceptar sin reclamarlo ni siquiera, nada de nadie.
Asumí mi identidad fuera o por encima de los demás y decidí que esta era una característica inmutable, que era yo sola contra el mundo para siempre. (2016)

Y todo eso. Para qué. Si a día de hoy sigo en tesituras parecidas, en circunstancias completamente diferentes. Si me rompo con nada, y me dejo romper con menos aún. Aunque cuando me rompo, siempre me quiero más. Me redescubro como la persona fría y un poco perra que puedo llegar a ser. Estoy empezando a disfrutar el momento en el que se rompe ese pequeño punto donde pende mi libertad de mí misma. Me han tomado por gilipollas tantas veces que ya. Como que me la suda y me cobro lo que me sale del coño. Que las mujeres no hablan mal, una polla. Mi individualismo salvaje se ha domado un poco, aunque sigue llevándome al límite siempre que estoy casi ahí. Pero la bestia se amansa con el tiempo y los guisos. Es lo que tiene cocinar a fuego lento. Las burbujas delicadas. Pues que explotan. Creo que ahora tengo más mala hostia y menos paciencia, pero me sigue costando un puto universo confiar en mí misma. Eso sí, que no se note nunca. (2020)

(...)te ha enviado un mensaje directo.

Mensajes a horas raras. Archivos compartidos. Un vídeo que cruza de una bandeja de DM's a otra. Amor en tiempos de cyberpunk. Soledad en tiempos de represión de libertades.

''Emojis de fuego y trofeos'', dice la poesía de hoy. La poesía que se baila con las nalgas y se escribe en la piel. Llamitas que cruzan la ciudad de barrio en barrio, haciendo a las bandejas de directos arder con emoticonos. Y palabras vacías. Reuniendo el valor para teclear unas palabras. Para clicar en enviar archivo. Ocultando pecados en videos con bombita y mensajes ambiguos. Archivando conversaciones y fotos en bandejas clandestinas.

Soltando mierda por la boca para disimular. Lágrimas de cocodrilo. El que llora por dentro llora más profundamente. Como lo de... Comer callaos.

Inseguridades. Miedos de chiquilla. Cosas que están claras pero están a medias. 

viernes, 12 de febrero de 2021

Incoherencias soy. Porque puedo, y qué. ¿Qué va a ser?

 Me releo, y todo es cíclico. Al final es verdad que soy una puta espiral. No sé si os pasará a todos. O soy yo, que estoy maldita. Será que hay movidas que se te clavan y punto. Y siempre vuelven. Será que siempre gasto de más el punto y seguido. Será. Será que repito los verbos casi tanto como las actitudes. ¿O eran aptitudes?. Será, joder. Que hablo de más y sobretodo pienso de más. Que hablo fatal aunque sepa hacerlo como Dios. Porque puto puedo.

¿Y qué más puedo hacer? ¿Y qué no? ¿Y qué pasa si puedo, y no puto quiero en realidad?

Como todo. Como todos, como siempre. Qué será, será. Una puta mierda de año. Una puta mierda el mundo, señores. Una puta mierda todo. Y QUÉ. Qué será. Lo que quiera ser, será. La niña, que para eso es tan lista, tan capaz. Aunque esté hasta el mismísimo coño de todo. Y de ella misma. 

Me perdonan por esta forma tan brusca de romper eso que llaman la cuarta pared. Me he tomado una licencia necesaria. Necesaria como ser humano, de comunicación, de llamada de socorro. Esto es una declaración de intenciones conmigo misma, y una llamada de auxilio hacia alguien. Esto es un mensaje a mi yo del futuro, para cuando lea esto dentro de unos meses. Que lo hará. Porque siempre lo hago.

NO SEAS TAN GILIPOLLAS, ESCRIBE MÁS, SIGUE LUCHANDO. PERO HAZLO DE VERDAD Y NUNCA, NUNCA, NUNCA TE OLVIDES DE TI MISMA. QUIÉRETE COÑO. SACA LAS PUTAS UÑAS, ABRILLANTA EL CALDERO, RÉZALE A LA LUNA. PONLE UNA VELA A TU COÑO, Y BAJA DIEZ GRADOS LA ESCARCHA. TE QUIERO (FUERTE).

Castillos en el aire. Castillos en el suelo.

Me he cortado, profundamente, hasta el tendón. No puedo cerrar los dedos, siento como me palpita el brazo hasta el codo. Siento como la sangre no para de bombear, intentando llevar algo de vida allí por donde se me está escapando. Puedo notar como chorrea, a borbotones. Me corre entre los dedos, me rodea la muñeca. Casi me haría cosquillas al rodear mi cuerpo y caer lentamente. Casi. Si no fuera porque siento como mis venas se siguen abriendo. Como el agujero que tengo ahora mismo al final del brazo no para de crecer. Y crecer. La piel sigue desgarrándose hacia arriba, desaparece, se estira. Los jirones de carne crean una espiral confusa y casi negra que cae en tromba junto a la sangre. Ya no me siento ni el codo. No sé que está pasando, casi puedo sentir como la sangre y el olor me absorben hacia dentro de mi propio cuerpo.  

          -Por un momento me acuerdo de Uzumaki, de la espiral devorando a la chica, de su cabeza dejando de existir para ser. Vacío. Espiral.-

Pero es solo un momento, porque de repente, de lo más hondo de mi garganta se escapa un quejido, casi silencioso pero desesperado. No veo nada. Solo sangre. Más sangre. No puedo pensar con claridad, un dolor lacerante y profundo me está quemando por dentro. Se extiende desde mi hombro al corazón, que no puede más que seguir bombeando. Esparce la quemazón por todos mis órganos, hasta que casi me olvido de que un lago de mi propia sangre me está tragando a mí misma. Igual no es tan malo dejar de luchar. 

Me he cortao' con los cristales rotos de mis castillos en el aire.

lunes, 1 de febrero de 2021

La fina línea que separa la ficción de lo real.

Ya no me creo nada de lo que oigo. De lo que veo. De lo que siento. Es duro desmoronarme siempre y siempre creer que alguien va a ayudar más que mí misma. Siento como que puedo dejarme llevar, cargar. Pero sólo yo puedo tirar de mí para salir del pozo. Que siempre estoy en el pozo, y las paredes son jodidamente resbaladizas. Y que a ver cómo coño escalo con mis manos pequeñas, mi rodilla cascada, mis cortas piernas. Me resisto a que la luz entre y me caliente porque estoy confusa. 

No quiero creer en mí porque eso me empuja a tener que ser mejor y no quiero. Quiero ser egoísta, mirarme el ombligo, sentirme por encima sin estarlo. Quiero sentirme buscada, deseada. Pero porque me he perdido, y aunque me veo por fuera, no quiero verme por dentro. Me pierdo en fruslerías, me hago la idiota, malgasto cada minuto de mi tiempo. Es más sencillo dejarse llevar que coger lo que te frena y cambiarlo. Es más sencillo escuchar cosas bonitas y creérselas aún sabiendo que están vacías, que no sirven para nada, que pesan menos que el aire. Cosas que ni siquiera son ni de lejos, una puta quimera. Una quimera es bella, intensa, real en su mentira, es un sueño dentro de un sueño. Es la esencia de aquello en lo que creo aún habiéndolo perdido. 

Pero aquello en lo que me dejo creer, que dejo que me cubra como un bálsamo, que me calme y me quite las lágrimas. Todo tan vacío, tan como un mensaje a destiempo de la peor persona posible. Sólo se clava más dentro cada vez, porque yo solo quiero buscarme en los brazos de alguien, y ese es mi mayor peligro. No buscarme en los míos.


                                                             (Y ahora qué).

domingo, 31 de enero de 2021

Cruces.

Cada uno tiene la suya. Y cada uno intenta siempre negarla.

Clavado tan hondo que duele cuando lo tocas mucho más incluso que cuando lo piensas. No te preocupes por mí, mi corazón hace años es negro, por dentro y por fuera. Sólo recupera un poco de brillo cuando pienso en estanterías repletas, cuando siente el olor de un libro viejo, cuando la luz falla y la corriente atraviesa sus dedos. 

Tantas cosas que recuerdan un pasado intenso. Una viruta de madera vieja clavada en alguna parte. Tejido necrosado. Y entonces vuelve el sueño dentro del sueño. El agujero en la pared. La sangre a devolver el rojo a mi corazón. Una boca que me busca, ese olor del pasado que nunca quedó en el olvido. Que parece que me envolvía desde ayer. Como tu piel. Morena, suave. Tan cerca que quema.

Ser estilos diferentes pero siempre la misma alma. La misma piel, blanca y morena, uniéndose y dejando de ser piel para ser sueño. Dentro de un sueño. Un agujero en la pared...

Crecer duele. La vida duele. Sentir duele. 

Como dicen los vampiros;

''MORIR ES FÁCIL Y NO DUELE''.

                                                           'Morir. Dormir. Tal vez soñar'. Dentro de tu sueño.