jueves, 31 de enero de 2013

Filosofía.

De vida. De cagarla, de joder. De doler y que duela. Destruir antes de crear.
No quiero dejar de verle. De sus besos. No quiero dejar de él por las tardes, de escuchar, leer, fumar, y sonreír. De sus ojos vivos.
Y no quiero dejar de él. De que me piense, de su sonrisa contra la mía. No quiero esto.
Quiero todo y nada. Sonreír. Vivir. Besos sin alcohol. Y sin culpa.
Susurros sinceros. Sonrisas reales. Alargar la vida. El minuto. El instante. Alargar la felicidad que no nos busca ni encontramos. Todo más lento no funciona, y más rápido se estropea. Todo.

lunes, 28 de enero de 2013

Pero.

Pero él. Que siempre se me escapa, que no me busca, que me huye. Que ahora me esconde la mirada. Él me salvó con un pedazo de pizza casi fría, con palabras bonitas.
Me salvó su sonrisa, me devolvió el aire.
Y sus labios. Que sabían a miel. A paz. A sonrisas. A nosotros.

Con su abrazo, con su despiste, su sueño y su borrachera.
Sus 'sí', sus mañana, que son nunca. Sólo cuando nace. Sale. Quiere.
Y en medio de una calle vacía. De una madrugada oscura, de una noche difícil. Vino a darme todo el aire que me faltó esa noche, todos los sueños que tuve después.

Vino a escaparse un 'te quiero' que tragué con su saliva, con su sabor, con su sonrisa.
Que por fin, tuve su sonrisa contra la mía. La abracé, la retuve en la memoria. Y ahora me ayuda a conciliar el sueño, cada noche que deseo un juntos. Un dormir a su lado. De nuevo. Un quedarme a dormir en su abrazo, en su boca. En sus manos.

Marfil y púrpura.

Cuando crees que todo ha desaparecido, vuelve. Abre la puerta de un golpe, y entra corriendo.
Grita, miente. 'TE NECESITO. NO ME DEJES'.
Y yo sólo sé huir. Se me escapa el aire de los pulmones y me escapo corriendo. Me alejo de él. Me alejé. 
Pero el dolor no se ahuyenta con pasos rápidos. Las mentiras no se borran con un triste lo siento, ni con lágrimas, ni con un te quiero. Los fallos no se arreglan con más mentiras, con promesas que no valen nada.

Se acabó el ir mirando cada esquina por no encontrarte, el refugiarme en un rincón con un paquete de tabaco, con las lágrimas luchando por salir y el aire peleándose con mi cuerpo para escapar. Lejos.
No te olvidaré jamás, y siempre pensaré en ti. Siempre estaré preocupada.
Pero las amenazas y la violencia no te van a sacar de tu mierda. Y se borrarán antes las marcas que dejaste en mi piel que todo el dolor que has dejado clavado en mi pecho. En mi corazón. En mi alma, que ya estaba herida y jodida. Por ti, por tus males. 

Y ahora qué. Ahora que no te vale un te quiero. Un lo siento. Ahora, que he dejado de creerme tus mentiras. Ahora recurres a hacerme daño también por fuera. Me flipa tu capacidad para hacer a los demás responsables de tus problemas.

Yo ya no más, cielo. Siempre te querré, pero no olvido. Y no puedo. No más. No más dolor por tenerte cerca, no más lágrimas por tus drogas. Por tus lágrimas. Y no más rencor.

Sólo un lo siento. Por ti.

domingo, 20 de enero de 2013

Soñadores.

De como una película puede hacerte volar. De verla siete veces y no cansarte nunca. De envidiar el humo, la bañera. Esa forma de repartir la comida, la tienda de campaña. De enamorarte de las tetas de Eva Green y quedarte a vivir en su sonrisa. Ideas que aparecen, como guardar su foto dentro de tu ropa interior, o soñar con fuego, gritos y mentiras.
Observar la relación entre dos hermanos con graves carencias emocionales, y mudarte a la mancha de nacimiento que se extiende por sus pieles pálidas.
Enamorarte del cine, de las cadenas, de esa forma de fumar. De su acento francés y sus sueños de un mundo más libre.
Nunca olvidaré lo que me hizo sentir, como cambió mi mente, mis ideas, como me hizo formarme opiniones dispersas y como cambió mi visión de la vida, del mundo. De enseñarme que el instante más efímero cambia tu vida, la decisión más repentina te da la vuelta.
De cómo después de haber dado todo lo que creías tener, el amor te deja tirado en una calle oscura, llena de fuego, gritos de libertad, y la decadencia de los suburbios franceses.



jueves, 17 de enero de 2013

'The Dreamers'.

Aquí todos confiamos en que acabará yéndonos bien.
Que seremos felices. Que acabarán cumpliéndose nuestros sueños más oscuros. Ocultos.
Que nos cogeremos la mano con un alma que nos ame y nos comprenda, que tendremos pequeños correteando a nuestro alrededor. Una buena casa, un coche, y un trabajo que no te llena del todo, pero oye. Te da dinero, y mantiene el monísimo apartamento que acabas de comprarte.

Soñamos con un mundo redondo, sin complicaciones. Sin más preocupación que la idea de la ropa que nos pondremos mañana. Soñáis. Los ilusos. Los corrientes.

Nosotros, los raros. Los verdaderos soñadores. Nosotros imaginamos un universo plagado de poesía, música y literatura. Cine y tabaco, whisky y canutos. Soñamos con un sitio pequeño, lleno de letras, pintura, fotos. Soñamos con morder la boca del que nos alimenta el alma. Con arrastrarnos cada noche sobre el colchón, y follarnos, 'como perros sin collar'. Los verdaderos soñadores no queremos una vida fácil. No queremos que todo vaya bien, que sea sencillo. Queremos lágrimas, para poder lamérselas a los nuestros. Queremos sexo y decadencia, y sonrisas. Muchas sonrisas traviesas. Cansadas.
Queremos ojos rojos, bragas de encaje y zapatillas. Labios marcados y ojeras profundas.
Buscamos ser el chico raro con capucha y la chica triste.
Yo busco su sonrisa. Contra la mía. Que me busque las cosquillas. Que me muerda. Que me abrace.

'Que me mire, cuando voy a irme'.

Si se atreviera a deslizarse por los corazones de mis medias. Hacia arriba. Si me mirara a los ojos cuando sonríe. Si me cogiera la mano, y la acariciara. 
O me hundiera despacito en el colchón, una mano en mi pelo y la otra tirando hacia abajo de mis braguitas.
Le he soñado de mil maneras posibles. Le he echado de menos en cada botella de whisky que me he bebido sin él. Le he observado de lejos, perdiéndome en su mente. A través de sus ojos.
Como cuando enciende mis cigarros, mirándome a los ojos a través de las llamas. Y sonríe.
Brilla. Como ese gesto lento y adorable que me hace esconder una sonrisa cada vez que le miro.
O verlo sentado al fondo de sus nostalgias. Sólo con su música, su Camel, y su mechero. Amarillo.
Y que me reciba con un gesto amable. Un gruñido cargado de sueños. Un beso suave en su mejilla izquierda. Creo.

No dejes de mirarme cuando te vas.

miércoles, 16 de enero de 2013

P.

A flote o por debajo de la piel.
Pero que se quede cerca. Que me abrace. Que sobreviva, que quiera y que se quiera.
Que deje de mentir. Que no se mate. Que sonría. Todos los días del resto de su vida. Por todos en los que su risa muere en un mar de mierda blanca y lágrimas. 
Que siga ahí siempre, pretendía. Que estuviera a mi lado y me presentara a sus hijos. A su chica. A aquella tía que consiguiera hacerlo feliz. Que fuera mejor que yo.
Pretendía no perderle, estar a su lado. Ayudar. Ser su risa, no su cruz.
Y me clavé en su pecho, creo. Se lo arranque todo sin saberlo. Y él se llevó mi alegría. El pequeño vampiro sin sangre. El jodido mentiroso. El que duele. Que te rasga el corazón y se fuma el humo del sentimiento de todo aquel que lo ha querido.
No le olvidaré por fingir estar ahí, por llamarme Juanita. Por creerme mágica y creer en mis unicornios. Le querré siempre por abrirme su corazón. Por dejarme ser yo la que secara sus lágrimas. Me llamo pequeña, princesa, y preciosa. Me llamó 'Ella'. Me escribió cada letra dejada caer por su enfermo corazón. Por el que será su ruina sin saberlo.
Le vi reír, llorar. Matarse. Amenazar. Le he visto abrazar, y dar un beso. Le he visto fingir que quería, que confiaba. Le he visto sobre su tabla, surcando mi calle. Cada tarde. Nos hemos invitado a cerveza, coca cola y cacahuetes todo el verano. Fuimos al cine. Lloramos y me abrí. Me volqué. Me enamoré de una parte de él, sintiéndole como se siente a un hermano. La otra aún me asusta. Y otra pequeñita me arrancó lágrimas por dentro.

Nunca te olvidaré. Ni lo bueno que me diste. Ni lo malo. Sobretodo el abrazo que me diste la última vez. Nunca.

martes, 15 de enero de 2013

En rojo.

Me habló de sueños y versos. De poesía. Me inundó de su voz y su mirada sucia. Llenó la casa de música, dolor y delicias. Follamos duro, y nos besamos tierno. Me hizo la comida. Las comidas.
Nos hicimos el harakiri, y volé. Dormí. Soñé. Con matices de una fascinación negra y dorada, de sexo y cariño. Decadencia. Me abrió un poco su alma, apartó con la punta de los dedos sus malos pensamientos y los extendió por mi frente suave. Perdidos en mi cuerpo pálido.
Y ahora regalarle mis nostalgias a una voz más dulce. A un alma más pura. A unas manos más grandes. A sueños humildes, una mente extraña. 'Mejor raros', y juntos. La chica triste y el de la capucha. Mejor que me encienda un cigarro con dos dedos, que me acaricie despacito, con vergüenza. Mejor en su cabeza, y que se ría de mis porros. Que quiero pensar que me bajaría despacito las bragas, y me daría papel y cartón, si pudiera verme en bragas, rascando el polen del grinder. Con cuidado. Insegura.
Que quiero pensar que me mordería la boca, y me daría fuego después de verme lamer la pega mientras le miro a los ojos.
Que me coma el coño con la misma ternura con la que cubrió aquel porro de polen, que me arranque sin cuidado la ropa y me cubra de besos. Dientes. Color azulado. De sus marcas. Restos.

domingo, 13 de enero de 2013

Cuadros.

Siempre será especial para mí. Sus gestos, su sonrisa. Sus borracheras, su voz. Su risa. Siempre en alto. Ahora no olvidaré las cosquillas, y enseñaré con orgullo mis moratones. 
Fuiste un poco mágico al principio sin saberlo, y ahora eres el perfecto. El insustituible. Al que prefiero, que me prefiere. El de la sonrisa, las rimas, versos, y los nespressos. Él, siempre. El del tequila y el whisky, el que se moja los labios en vino y coca cola. El de los dedos suaves. Y el cuello más. El de las camisas. Sudaderas. El de las palomitas sin coca cola y los cubatas con naranja. El de la noche, la sal, la arena. El agua fría, algo de sangre, y luces de fondo.
El que está siempre ahí aunque no se lo pida. El del olor de casa, y la mente extraña.
Un loco. Unos locos. Te quiero.

sábado, 12 de enero de 2013

Eres.

Es mágico, como esperar en una esquina, con un piti consumido, botellas de alcohol, y mucho frío. Y verle aparecer, volar sobre la vida. Por encima del esqueleto de una ciudad que resucita cuando cae la noche. De nuestras manos.
Somos la vida, cielo. Dejamos huella. Dejas. Acuchillas cada retazo de cordura en mi mente, y lo llenas de paz. De humo, de sonrisas. De calma. Lo llenas de ti. Cada día. Abrázame cada noche, y ven. Sueña conmigo, con mi boca. Sobre tu cuerpo.
Que me mire con la misma ternura con la que cubrió ese porro de polen. Que me cuide así. Que me folle despacio, pero lleno de mí. Inundado de luz. Que me cuide hasta que la madrugada se derrame por mis ojos, y llene cada rincón de su cuerpo. Hasta que cada atardecer se salga de mí en un gemido entreabierto y se vuelque sobre sus deseos. Pensamientos.

Soy.

Muchas cosas, pero aspiro a ser esa mancha seca de café que no puedes quitar de la mesilla. Ese cerco marrón, delicioso, que promete. Aspiro a quedarme a vivir en el humo de un cigarro, en el humo de uno de sus especiales. Aspiro a vivir en el fondo de sus ojos. En uno de los olores que graba en su memoria. Aspiro a vivir en la suavidad del dorso de mis manos, para que venga a visitarme en cada parque. En cada whisky.
Aspiro a ser el brillo en su mirada, a arrancarle una sonrisa, y acampar entre sus labios. En su boca. A pasar despacio los dedos por encima del hueso de sus caderas, y quedarme dormida contra su hombro. Contra sus sueños.
Y mientras, sujetaré fuerte la taza llena de café sólo, viviré del vaho que desprende, y pensaré en sus manos contra mi cuerpo. Recordaré.

Su sonrisa.

Soy la mirada furtiva que baila en sus ojos. Que se deja absorber. Me pierdo en su mirada, y aparezco en sus labios, como un susurro. Ojalá en su mente.
Me despista con cada suspiro, le echo de menos si se va. Si desaparece. Y desaparece.
Le miro irse con el corazón lleno de su voz, de sus gestos. Lento. Despacio.
Seamos nuestros. Que me abrace. Me mire a los ojos y me bese despacito la nariz. Despacio. Que me acaricie el cuerpo como aquella noche. Despacio. Sin pararse a pensar. Así quiero que me mire. Sin pensar. Sin hablar. Sin dudas. Despacio y profundo. Su sonrisa.
 Quiero su sonrisa contra la mía. Quiero sus pensamientos contra los míos. Sus palabras. Quiero ser un trozo de su mente, parte de sus silencios. Aparecer de repente. Sin avisar. Sin que lo espere. Que crea en mí. En nosotros. Por que somos únicos. Me gustas. Lo sabes, creo. Me gusta que vengas a pedirme un beso al despedirte de mí. Con una sonrisa. Tan tú. Tímido. Tú. Me gusta besar despacio tus mejillas ásperas, mirándote a los ojos. Y odio ver como te vas, sin girar la cabeza hacia mis ojos por última vez. Pensando. Cuándo. Te quiero cerca y te quiero pronto. Te espero.