jueves, 26 de septiembre de 2013

Ricura.

Los mordiscos, los tirones de pelo justo a tiempo. Todos los orgasmos regalados a la luz que entra por las ventanas cuando está amaneciendo y te despiertas  con unos dedos en las braguitas, y unos grandes y fuertes y brillantes dientes apresando la mitad de tu cuello.
Y me siento tan desnuda, vulnerable y exquisita que no puedo evitar retorcerme, volverme loca, morder, arañar, y tragarme los gemidos. Temblar de placer y puro vicio entre sus manos. Tenerle dentro y sentir que igual yo también estoy dentro. De él, de los dos.  Que no hay un dentro ni un fuera, porque ya no queda nadie, sólo piel y carne trémula, destrozando las nubes con gemidos. Flotar. Flotar, fundirnos. Juntarnos y. Estar así, para siempre. Humo que escapa con los pájaros que despiertan.

sábado, 20 de julio de 2013

Almas perdidas.


''Permitieron que disfrutaran todos los tipos de arte, lujuria y perversión que conocía la ciudad, y lo hicieron porque sus labios eran demasiado rojos, por que tenían ojos de ramera y poesía en las manos. Acabaron hastiados de todo, pero cuando estaban acostados sobre su colchón seguían siendo insaciables''.

A veces aún escribo.

Y otras veces se me olvida hasta cenar. Pero a veces escribo y confundo los conceptos, y por eso tiro el boli. Verano es paz. Es felicidad. Y es confusión, historias y tardes que se convierten en una única, eterna, en increíble. Hay noches que desapareces sin querer, que pierdes hasta la vida y hasta a tus amigas, por no saber encontrar. Te, y acabas envuelta en una bruma dulce y vibrante que no acaba.
Verano es acostarse y levantarse con los ojos rojos y el alma intranquila, es beber cerveza como agua, es echar de menos, sonreír, fingir y lanzar carcajadas, gemidos, caricias, lagos de lágrimas ocultas y culpa y miedo. A qué. A todos. Vosotros. A no volver a sonreír, a ser una más, a ocultarme demasiado, o demasiado poco. Verano son complejos, pero también quitarse la ropa, y bailar, saltar, gritar contra el cristal, y nunca a favor del viento. Verano es hacer eses de vuelta a casa, o no acertar con la cerradura. Verano es mal humor por las mañanas, y amor y amistad por las tardes.
Verano es felicidad cuando piensas que lo has hecho todo bien. Todo. Verano es tiempo de arreglar la cabeza, de centrar, soñar, pero poco. Verano es hacer planes, y no cumplir la mitad.
Verano es mi vida. Es cumplir años. Piscina. Litros, conversaciones eternas, y humedad constante.
Verano es sudar piel contra piel, dedos retorciendo, y dientes marcando.
Verano es confuso, difícil, entretenido. Punto de inflexión. Verano es dudar cuando escribes. Verano soy yo, más o menos.

martes, 25 de junio de 2013

Trayectos.

Y tirar la colilla con desprecio hacia la esquina. Levantar la vista y observar las miradas escandalizadas de cualquier mami con pantalones de colores y bolso caro. De esas que condenan tus pintas. Tus zapatos de plataforma y el pelo rapado y naranja y rojo, y las faldas demasiado cortas y las camisetas demasiado rotas. Esas son las mamis que en el fondo envidian tu descaro, tu mirada traviesa y tu sonrisa irónica. Y ese brillo entre rojo y lágrimas que tienen tus ojos.
Esas son las que en sus noches húmedas despiertan empapadas en sudor, con los ojos muy abiertos, y un vago recuerdo de colmillos desgarrando gargantas en el hueco más escondido de su mente grotesca y plagada de apariencia. Despiertan asustadas, pero sabiendo que el calor húmedo que contiene su entrepierna tiene que significar algo.
Y cuando leo todo eso en sus miradas, les sonrió comprensiva mientras aplasto el cigarro contra el pavimento con mis enormes suelas.

Llegarán.

Que vuelvan. Los vampiros y sus noches, y sus olores verdes. 
Que vuelvan los desgarros en la boca y el tirón entre las piernas.
Que vuelvan los colmillos afilados, las uñas manchadas y el alcohol por bandera.
Que vuelvan las sonrisas falsas que consuelan sin motivo. Que en una canción se pare el tiempo, se extienda el sueño, que tiemblen entre gomas unos dedos bien entrenados, los ojos, que se clavan en el alma. Jirones, de humo de colores, de sonidos que. No tienen sentido.
Que vuelvan. Las palabras, que salgan de mi cuerpo, que escriban verde y furioso en un papel arrugado. Que griten contra el viento, que lo hagan por mí. Porque yo no sé. Ni puedo, y bueno. Ni lo intento.
Voy fumada y estoy odiando al mundo, y Charly en los oídos, y un corazón que sufre. Que late, pero muy rápido, que me marea. Y la garganta se me seca.
Y eso a los vampiros no les va a gustar. Porque van a venir. Y yo lo sé, aunque casi nunca lo diga. Y qué. Yo lo creo firmemente, o sino, ¿Qué coño significa Lost Souls?'?.
Que os jodan, que yo sólo sería madre de 'un rosado bebé de azúcar', de un niño que se alimentara de la sangre de mis jugosas entrañas.

viernes, 5 de abril de 2013

Truly me.

Los golpes de la puerta, que no se puede cerrar. Bajarme las medias, subirme a la taza. Unos dedos que saben donde están aunque su dueño no del todo. Unos dedos que me buscan por dentro la inocencia perdida. Su barba rasca mi cuello y sus manos me empujan, me sujetan el pelo. Esos dedos, joder.
Olvidar, escapar, recordar borroso. Temas confusos y estridentes, y la oscuridad. La puerta que sigue peleándose con el marco, por que no sé estarme quieta.
Te acabas rápido y te esfumas, consecuencias de ser los niños perdidos. 
Estaremos vivos para siempre escondidos en el ruido de esos golpes.

miércoles, 3 de abril de 2013

'Arquitecto de frases que me hacen dudar'.

Dedos y alcohol, alcohol y tus dedos. Temas y letras, dependencias, sueños. Bebernos las miradas, regalar sonrisas.
Cómo pretender que disimule. Cómo, bailando en mis sueños desnudos mirando el sol entrar por la persiana. Cómo abrazándome y mordiéndome los dedos.
Encontrando el orden, pero no las palabras. Encontrando las palabras, y perdiendo el tiempo y el momento.
Bebemos whisky con naranja, o cartones de vino con cola. Menos por menos es más, y yo por ti siempre soy menos. Siempre un boli y un papel si no podemos dormir. Siempre un tú y yo, jamás un nosotros.
Que no quiero un nosotros, recuerdas. En noches como esta quiero unos tacones rojos y una peluca rubia, para salir a comerme el mundo de cualquiera.

Be a Zombie Kid.

Caras pálidas me observan desde las paredes. Me arruina la pena que desprenden, tan firmes y tan llenas de mentiras. Tan bellas, perfectas. Nada delicadas. Crueles. Caras que me paran el mundo cuando las descubro, que saltan de las paredes para recordarme donde están. Que no está. A las ocho y un minuto de la mañana, el estómago aún revuelto, un piti recien encendido, los ojos medio cerrados, aún cubiertos de sueño. Y ahí están. Saltando con mirada azul de una pared gris. Contra mis ojos.

viernes, 8 de marzo de 2013

Xiqueta dolça.

Que fácil parece creer que puedes controlar tu mente, que puedes mandar sobre tus sueños y tus sentimientos, incluso sobre tus ideales.
Que sencillo sonreír por encima del hombro, dejar que las palabras salgan y fingir que todo va bien.
Es casi costumbre creernos que todo va bien, y hacer a los demás que se lo crean. Pero nadie nos paga las miradas tristes, lo salado de las mejillas, y lo amargo de sentirte poco, débil.
Pero si dejamos que nos desgarren el alma, con palabras, todo parece cambiar un poco, mejorar dulcemente.
Y qué, cuando esas palabras no son verdad. Cuando la dulzura se vuelve un cómo te creí.
Eso sólo duele, se clava, escuece. Abismo que se fabrica sin conciencia en el hueco de unas clavículas hundidas por el peso de un error. De un silencio. Un error nunca es un error.

Me voy a quedar a vivir en el trozo de suelo caliente oscuro que hay en el rincón del pasillo, y de ahí no me vais a sacar si tengo a mis libros, un lápiz, y Amnesia.

lunes, 25 de febrero de 2013

Año.

Da un poco de miedo girar la cabeza atrás y ver todo lo que ha cambiado. Hace un año no era feliz, estaba atada, me dolía el corazón, y me escocían las puntas de los dedos de pensarme inferior a alguien que jamás hizo nada por merecerme. Y en sólo un año qué. Todo lo que he hecho, lo mucho que me he reído. Que he hecho amigos que son para siempre, que se preocupan. Que se acuerdan de mí cuando escuchan la palabra unicornio.

En este año sin ti he llorado, he bebido, me he reído y he seguido bebiendo. He follado, me he enamorado, he sido como siempre creí que tenía que ser. Me he metido en una espiral mágica y encantadora, y no quiero salir. Quiero salir del barrio, y seguir sonriendo.
Tengo ganas de olvidarte. Para siempre. Pero no me dejas tú ni me deja mi mente. 
No soy feliz. Pero sí un poquito más de lo que nunca fui contigo. No tengo hábitos, sólo vicios nada sanos. Pero mi rutina es más estable de lo que nunca fue contigo.
Y así me doy cuenta de que con sólo diecinueve, camino de los veinte, ya se me escapan los años y nunca se dan la vuelta. Y nunca volverán. Y mejor.
Y sin ti parece que todo mejor, que más sonrisas y más sentirme mejor. Conmigo misma.

Y te doy las gracias, a pesar de las lágrimas. Por que yo no sería yo si no me hubieras hecho fuerte. 
Y te odio. Por que yo no sería yo si no hubiera sido por tus dolores, malas caras, y palabras vacías.
Y te quise como a nadie, y dependí de ti, y me olvidé de mí misma. y nunca más depender de nadie. No me hace falta. Yo soy yo y mis unicornios, y juntos somos imparables.
Pasa, tiempo, que cuando las arrugas me llenen la cara y llegue la hora de dejar este mundo, miraré hacia atrás, y pensaré. Que os jodan. Llegó mi hora de ser feliz.

El tiempo será quién decida.

Por que decidir con la cabeza no se nos da bien, y pensar en consecuencias no se cuenta entre nuestras prioridades. Que nuestros principios son siempre la hierba y el sexo, las ganas y las sonrisas.
Nos movemos por impulsos y reacciones. Si me fallas, te fallo. Si me follas, follamos.
Y cuando se apaguen los focos, ya decidiremos quién es feliz y quién no.
A ver quién finge mejor una sonrisa y cuenta sólo con los dedos las marcas moradas de su piel.
Decide pronto, no hagas que me canse más de esperar a que decidas que quieres volver a aparecer.
No me obsesiones si no tiemblas con cada recuerdo cubierto de nata que yo guardé bajo llave.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Have you ever seen the rain ?

Eran lluvia las lágrimas que se escapaban de sus ojos para venir a parar a mis dedos.
Lluvia ácida, y mentira. Eran mentira sus lágrimas, como lo eran sus palabras. Era mentira lo que pedía, lo que me suplicaba temblando. 'Ayúdame. Quiero que me ayudes'.
Y ahora, qué. Es él el decepcionado, el dolido. Ahora es él quien me hace apartar los ojos, mirar hacia abajo, encendiendo un cigarro que ya estaba encendido, para no cruzarme con sus ojos cansados. 
Me hace huir con sus miradas de reproche, cuando me debe la vida. Que desaparezco, cada vez que se digna a enseñarnos que sigue vivo. Me escapo rápido si llega con su mochila, esa chaqueta demasiado grande, y esos ojos. Grandes y. Muertos por dentro, pero llenos del brillo de su picardía. Cuánto te ha gustado siempre esa palabra, pequeño. Cuanto te ha gustado siempre que te llamara pequeño, mis abrazos, y mis 'no te vayas'. O que bien has engañado a mi corazón, y al tuyo, todos estos meses. 
Intento que no duelas más, que no dejes más marcas en mis brazos, y en mi alma, intento separarme, apartarme, olvidarme. Evadirme de la realidad de que existes para no sentirme más culpable por dejar que te mates, que te arranques el corazón por la nariz y por la lengua. Que las marcas de tus dientes rotos no se han hecho solas. Que el dolor de tu nariz no ha aparecido sin motivo. Que el que yo quiera desaparecer de tu vida y de tus ojos, no es casualidad.
Llámame egoísta, o puta. Juzga lo que hago, y con quién. Haz que te odie, que me arrepienta de haber estado ahí. Haz que no me duela mirarte la cara y ver en lo que estás convirtiendo tu vida.
Pero consíguelo, por que me mata verte de lejos y que me mires así.

martes, 19 de febrero de 2013

'Nada lo cura todo'.

No sobrevaloréis el efecto de un verso roto por dentro.
Que cuando las letras salen partidas, es cuando más lágrimas esconden.
No estamos bien, no somos felices. Hablo de mí. De mis unicornios, que se sienten solos y se desesperan. Que la fiebre necesita de mimos, y mis muslos de caricias.

'Spleen'.

Baudelaire describió el hastío como el peor pecado de la humanidad. Aseguró que es como un millón de gusanos corruptos, que habitan en nuestro cerebro y viajan hasta nuestros pulmones cuando respiramos, y que no son las personas quienes sienten asco, o miedo ante esta circunstancia, si no el propio pecado, sus 'helmintos', los que se sienten corruptos al recorrer el cuerpo humano.
Somos el peor de los pecados, el cáncer más grande. Destruimos cada cosa que roza nuestra piel, una y otra vez. Dejamos pasar la vida, dejamos a la desidia ocupar nuestros días, y ni nos preocupamos. Nos arrepentimos, cuando ya es tarde. Cuando poco queda que hacer. No alimentamos la esperanza, no regalamos sonrisas. Avanzamos por el asfalto con caras grises, serios, cada uno envuelto en su propia bruma de cansancio y arrepentimiento, de preguntas sin respuesta.
Ojalá lamernos las lágrimas y suspirar en el sueño roto de los otros, ojalá un minuto cercano, no suplicar por un abrazo. Ojalá nunca un adiós. Ojalá nunca llegara el momento en el que, después de comernos la boca durante meses, y más meses, tenga que saludarte con dos besos la próxima vez que te vea. A cualquiera. Ojalá el arrepentimiento fuera innecesario, los abusos no existieran, y las lágrimas se secaran solitarias en un corazón vibrante. Ojalá todos los ojos que lo merecen relucieran de felicidad, y ojalá se contagiaran por el aire las sonrisas. Ojalá cerveza, whisky, humo, liar pitis, ojalá una cama cálida en la que acurrucarme con alguien cuando estoy mala, y que me traiga un café caliente con espuma Soledad, que ojalá nunca vuelva a quedarse sola.

jueves, 7 de febrero de 2013

Sangre y piel pálida.

Como escribir cuando se te llena la cara de sonrisas a cada minuto.
Cómo, más que con palabras que sólo él entiende, 'amor en el cuello, palpita el pecho'. Tallarines con salsa de queso, miel y champiñones. Sabor tropical en los labios, y pegado a los dedos. Fresas con nata y planes. Galicia, París. Secretos a voces. Esconderme para que me bese, y morderle el cuello. No duele si después de morderme tan fuerte me cura las marcas con besos y saliva. Si me acaricia el cuello con un dedo y me aparta el pelo mirándome despacio. Si deja pasearse a su humo por mis hombros, si me muerde con ternura. 

Da miedo, eh. Mirar esos ojos tan oscuros y creer que nos estamos perdiendo sin remedio. Da miedo recordar el daño que podemos hacernos si le dejo perderse en mi piel. Da miedo sentir como tiembla sobre mi cuerpo, como roza mis nostalgias con los dedos, como aprieta sus ansias contra mí y se le llena la mirada de mi nombre, de Decadencia. Guarda secretos. Me lo dicen sus miradas negras. Sus pupilas dilatadas. Pero se me olvida lo que me oculta si veo ese cuerpo pálido y suave, si beso cada centímetro de su piel y arrastro con la punta de los dedos las dudas de su mente. Esconderme. Lo odio. Ir contra todo lo que siento. Que he vuelto a ponerme la capa de desvelos, de 'no me importa'. Que las sombras de mis ojos no las conocéis aún, pero sabéis que existen. Que de vez en cuando vuelven viejos miedos, complejos, problemas. Doler. Le. Dolerles y cortarme. Que se apaguen las sonrisas traviesas, las que me hacen querer buscarte en cada minuto. En cada coma, cada punto y aparte que nunca decimos.

Empiezo a acostumbrarme demasiado a él, y empieza a gustarme desesperadamente la sensación de que aparta telarañas de mis sentimientos. Y no es bueno acostumbrarse a lo bonito, por que cuando acaba, sólo deja lágrimas y más pna, y nos refugiamos en la Autodestrucción, en el alcohol, y otras sustancias, y en camas manchadas de sudor, semen, sangre y corazones rotos. Me asusta volver a lo de antes, y me da miedo quedarme en lo de ahora. Punto de inflexión, y de no haber posible vuelta atrás, no queda espacio. No se puede quedar como está, y no se puede dejar de sentir. Pero no se puede romper. Quebrar la fragilidad de lo pálido de su piel, la oscuridad de sus besos. Romper el furioso deseo que le llena la cara cuando me muerde la boca. Le estoy dando un pedazo de alma, y ni siquiera lo sabe. Tal vez lo intuye cuando se me pasan las horas sin remisión, y la vida sigue corriendo, sin nosotros. Que sólo tenemos labios y dedos y no pueden dejar de tocarse y morderse y apretarse. Nos estamos devorando el alma, me llena cada hueco del día con ese olor. Que siempre se me queda en la piel. Si veo su cara en blanco y negro, y la dibujo con los dedos sobre un papel amarillo.

Ha sido dura la mañana, el tenerlo al lado y no poder comérmelo a besos, a mordiscos, no abrazarlo como quería, no buscarle las cosquillas. Un beso rápido y un fugaz 'muérdeme la boca, que no nos vean', que llego tarde. 
Que te quedes a dormir en cada espacio vacío de mi cuerpo y me dejes marcado lo que quieres. Lo que sientes. Que me llenes las mañanas de deseos y caprichos. De cafés con nata y besos, canela. Caricias. Que no hacemos otra cosa que besarnos, mordernos, fumar, rozarnos y susurrar. Mirarnos a los ojos. Asomarme al abismo que crea su boca cuando me sonríe con los labios posados en mis tetas. Mirarle, como se recrea a cada paso por mi piel, tan lento. Tan suyo, tan duro y tan dulce.
Tan él.

jueves, 31 de enero de 2013

Filosofía.

De vida. De cagarla, de joder. De doler y que duela. Destruir antes de crear.
No quiero dejar de verle. De sus besos. No quiero dejar de él por las tardes, de escuchar, leer, fumar, y sonreír. De sus ojos vivos.
Y no quiero dejar de él. De que me piense, de su sonrisa contra la mía. No quiero esto.
Quiero todo y nada. Sonreír. Vivir. Besos sin alcohol. Y sin culpa.
Susurros sinceros. Sonrisas reales. Alargar la vida. El minuto. El instante. Alargar la felicidad que no nos busca ni encontramos. Todo más lento no funciona, y más rápido se estropea. Todo.

lunes, 28 de enero de 2013

Pero.

Pero él. Que siempre se me escapa, que no me busca, que me huye. Que ahora me esconde la mirada. Él me salvó con un pedazo de pizza casi fría, con palabras bonitas.
Me salvó su sonrisa, me devolvió el aire.
Y sus labios. Que sabían a miel. A paz. A sonrisas. A nosotros.

Con su abrazo, con su despiste, su sueño y su borrachera.
Sus 'sí', sus mañana, que son nunca. Sólo cuando nace. Sale. Quiere.
Y en medio de una calle vacía. De una madrugada oscura, de una noche difícil. Vino a darme todo el aire que me faltó esa noche, todos los sueños que tuve después.

Vino a escaparse un 'te quiero' que tragué con su saliva, con su sabor, con su sonrisa.
Que por fin, tuve su sonrisa contra la mía. La abracé, la retuve en la memoria. Y ahora me ayuda a conciliar el sueño, cada noche que deseo un juntos. Un dormir a su lado. De nuevo. Un quedarme a dormir en su abrazo, en su boca. En sus manos.

Marfil y púrpura.

Cuando crees que todo ha desaparecido, vuelve. Abre la puerta de un golpe, y entra corriendo.
Grita, miente. 'TE NECESITO. NO ME DEJES'.
Y yo sólo sé huir. Se me escapa el aire de los pulmones y me escapo corriendo. Me alejo de él. Me alejé. 
Pero el dolor no se ahuyenta con pasos rápidos. Las mentiras no se borran con un triste lo siento, ni con lágrimas, ni con un te quiero. Los fallos no se arreglan con más mentiras, con promesas que no valen nada.

Se acabó el ir mirando cada esquina por no encontrarte, el refugiarme en un rincón con un paquete de tabaco, con las lágrimas luchando por salir y el aire peleándose con mi cuerpo para escapar. Lejos.
No te olvidaré jamás, y siempre pensaré en ti. Siempre estaré preocupada.
Pero las amenazas y la violencia no te van a sacar de tu mierda. Y se borrarán antes las marcas que dejaste en mi piel que todo el dolor que has dejado clavado en mi pecho. En mi corazón. En mi alma, que ya estaba herida y jodida. Por ti, por tus males. 

Y ahora qué. Ahora que no te vale un te quiero. Un lo siento. Ahora, que he dejado de creerme tus mentiras. Ahora recurres a hacerme daño también por fuera. Me flipa tu capacidad para hacer a los demás responsables de tus problemas.

Yo ya no más, cielo. Siempre te querré, pero no olvido. Y no puedo. No más. No más dolor por tenerte cerca, no más lágrimas por tus drogas. Por tus lágrimas. Y no más rencor.

Sólo un lo siento. Por ti.

domingo, 20 de enero de 2013

Soñadores.

De como una película puede hacerte volar. De verla siete veces y no cansarte nunca. De envidiar el humo, la bañera. Esa forma de repartir la comida, la tienda de campaña. De enamorarte de las tetas de Eva Green y quedarte a vivir en su sonrisa. Ideas que aparecen, como guardar su foto dentro de tu ropa interior, o soñar con fuego, gritos y mentiras.
Observar la relación entre dos hermanos con graves carencias emocionales, y mudarte a la mancha de nacimiento que se extiende por sus pieles pálidas.
Enamorarte del cine, de las cadenas, de esa forma de fumar. De su acento francés y sus sueños de un mundo más libre.
Nunca olvidaré lo que me hizo sentir, como cambió mi mente, mis ideas, como me hizo formarme opiniones dispersas y como cambió mi visión de la vida, del mundo. De enseñarme que el instante más efímero cambia tu vida, la decisión más repentina te da la vuelta.
De cómo después de haber dado todo lo que creías tener, el amor te deja tirado en una calle oscura, llena de fuego, gritos de libertad, y la decadencia de los suburbios franceses.



jueves, 17 de enero de 2013

'The Dreamers'.

Aquí todos confiamos en que acabará yéndonos bien.
Que seremos felices. Que acabarán cumpliéndose nuestros sueños más oscuros. Ocultos.
Que nos cogeremos la mano con un alma que nos ame y nos comprenda, que tendremos pequeños correteando a nuestro alrededor. Una buena casa, un coche, y un trabajo que no te llena del todo, pero oye. Te da dinero, y mantiene el monísimo apartamento que acabas de comprarte.

Soñamos con un mundo redondo, sin complicaciones. Sin más preocupación que la idea de la ropa que nos pondremos mañana. Soñáis. Los ilusos. Los corrientes.

Nosotros, los raros. Los verdaderos soñadores. Nosotros imaginamos un universo plagado de poesía, música y literatura. Cine y tabaco, whisky y canutos. Soñamos con un sitio pequeño, lleno de letras, pintura, fotos. Soñamos con morder la boca del que nos alimenta el alma. Con arrastrarnos cada noche sobre el colchón, y follarnos, 'como perros sin collar'. Los verdaderos soñadores no queremos una vida fácil. No queremos que todo vaya bien, que sea sencillo. Queremos lágrimas, para poder lamérselas a los nuestros. Queremos sexo y decadencia, y sonrisas. Muchas sonrisas traviesas. Cansadas.
Queremos ojos rojos, bragas de encaje y zapatillas. Labios marcados y ojeras profundas.
Buscamos ser el chico raro con capucha y la chica triste.
Yo busco su sonrisa. Contra la mía. Que me busque las cosquillas. Que me muerda. Que me abrace.

'Que me mire, cuando voy a irme'.

Si se atreviera a deslizarse por los corazones de mis medias. Hacia arriba. Si me mirara a los ojos cuando sonríe. Si me cogiera la mano, y la acariciara. 
O me hundiera despacito en el colchón, una mano en mi pelo y la otra tirando hacia abajo de mis braguitas.
Le he soñado de mil maneras posibles. Le he echado de menos en cada botella de whisky que me he bebido sin él. Le he observado de lejos, perdiéndome en su mente. A través de sus ojos.
Como cuando enciende mis cigarros, mirándome a los ojos a través de las llamas. Y sonríe.
Brilla. Como ese gesto lento y adorable que me hace esconder una sonrisa cada vez que le miro.
O verlo sentado al fondo de sus nostalgias. Sólo con su música, su Camel, y su mechero. Amarillo.
Y que me reciba con un gesto amable. Un gruñido cargado de sueños. Un beso suave en su mejilla izquierda. Creo.

No dejes de mirarme cuando te vas.

miércoles, 16 de enero de 2013

P.

A flote o por debajo de la piel.
Pero que se quede cerca. Que me abrace. Que sobreviva, que quiera y que se quiera.
Que deje de mentir. Que no se mate. Que sonría. Todos los días del resto de su vida. Por todos en los que su risa muere en un mar de mierda blanca y lágrimas. 
Que siga ahí siempre, pretendía. Que estuviera a mi lado y me presentara a sus hijos. A su chica. A aquella tía que consiguiera hacerlo feliz. Que fuera mejor que yo.
Pretendía no perderle, estar a su lado. Ayudar. Ser su risa, no su cruz.
Y me clavé en su pecho, creo. Se lo arranque todo sin saberlo. Y él se llevó mi alegría. El pequeño vampiro sin sangre. El jodido mentiroso. El que duele. Que te rasga el corazón y se fuma el humo del sentimiento de todo aquel que lo ha querido.
No le olvidaré por fingir estar ahí, por llamarme Juanita. Por creerme mágica y creer en mis unicornios. Le querré siempre por abrirme su corazón. Por dejarme ser yo la que secara sus lágrimas. Me llamo pequeña, princesa, y preciosa. Me llamó 'Ella'. Me escribió cada letra dejada caer por su enfermo corazón. Por el que será su ruina sin saberlo.
Le vi reír, llorar. Matarse. Amenazar. Le he visto abrazar, y dar un beso. Le he visto fingir que quería, que confiaba. Le he visto sobre su tabla, surcando mi calle. Cada tarde. Nos hemos invitado a cerveza, coca cola y cacahuetes todo el verano. Fuimos al cine. Lloramos y me abrí. Me volqué. Me enamoré de una parte de él, sintiéndole como se siente a un hermano. La otra aún me asusta. Y otra pequeñita me arrancó lágrimas por dentro.

Nunca te olvidaré. Ni lo bueno que me diste. Ni lo malo. Sobretodo el abrazo que me diste la última vez. Nunca.

martes, 15 de enero de 2013

En rojo.

Me habló de sueños y versos. De poesía. Me inundó de su voz y su mirada sucia. Llenó la casa de música, dolor y delicias. Follamos duro, y nos besamos tierno. Me hizo la comida. Las comidas.
Nos hicimos el harakiri, y volé. Dormí. Soñé. Con matices de una fascinación negra y dorada, de sexo y cariño. Decadencia. Me abrió un poco su alma, apartó con la punta de los dedos sus malos pensamientos y los extendió por mi frente suave. Perdidos en mi cuerpo pálido.
Y ahora regalarle mis nostalgias a una voz más dulce. A un alma más pura. A unas manos más grandes. A sueños humildes, una mente extraña. 'Mejor raros', y juntos. La chica triste y el de la capucha. Mejor que me encienda un cigarro con dos dedos, que me acaricie despacito, con vergüenza. Mejor en su cabeza, y que se ría de mis porros. Que quiero pensar que me bajaría despacito las bragas, y me daría papel y cartón, si pudiera verme en bragas, rascando el polen del grinder. Con cuidado. Insegura.
Que quiero pensar que me mordería la boca, y me daría fuego después de verme lamer la pega mientras le miro a los ojos.
Que me coma el coño con la misma ternura con la que cubrió aquel porro de polen, que me arranque sin cuidado la ropa y me cubra de besos. Dientes. Color azulado. De sus marcas. Restos.

domingo, 13 de enero de 2013

Cuadros.

Siempre será especial para mí. Sus gestos, su sonrisa. Sus borracheras, su voz. Su risa. Siempre en alto. Ahora no olvidaré las cosquillas, y enseñaré con orgullo mis moratones. 
Fuiste un poco mágico al principio sin saberlo, y ahora eres el perfecto. El insustituible. Al que prefiero, que me prefiere. El de la sonrisa, las rimas, versos, y los nespressos. Él, siempre. El del tequila y el whisky, el que se moja los labios en vino y coca cola. El de los dedos suaves. Y el cuello más. El de las camisas. Sudaderas. El de las palomitas sin coca cola y los cubatas con naranja. El de la noche, la sal, la arena. El agua fría, algo de sangre, y luces de fondo.
El que está siempre ahí aunque no se lo pida. El del olor de casa, y la mente extraña.
Un loco. Unos locos. Te quiero.

sábado, 12 de enero de 2013

Eres.

Es mágico, como esperar en una esquina, con un piti consumido, botellas de alcohol, y mucho frío. Y verle aparecer, volar sobre la vida. Por encima del esqueleto de una ciudad que resucita cuando cae la noche. De nuestras manos.
Somos la vida, cielo. Dejamos huella. Dejas. Acuchillas cada retazo de cordura en mi mente, y lo llenas de paz. De humo, de sonrisas. De calma. Lo llenas de ti. Cada día. Abrázame cada noche, y ven. Sueña conmigo, con mi boca. Sobre tu cuerpo.
Que me mire con la misma ternura con la que cubrió ese porro de polen. Que me cuide así. Que me folle despacio, pero lleno de mí. Inundado de luz. Que me cuide hasta que la madrugada se derrame por mis ojos, y llene cada rincón de su cuerpo. Hasta que cada atardecer se salga de mí en un gemido entreabierto y se vuelque sobre sus deseos. Pensamientos.

Soy.

Muchas cosas, pero aspiro a ser esa mancha seca de café que no puedes quitar de la mesilla. Ese cerco marrón, delicioso, que promete. Aspiro a quedarme a vivir en el humo de un cigarro, en el humo de uno de sus especiales. Aspiro a vivir en el fondo de sus ojos. En uno de los olores que graba en su memoria. Aspiro a vivir en la suavidad del dorso de mis manos, para que venga a visitarme en cada parque. En cada whisky.
Aspiro a ser el brillo en su mirada, a arrancarle una sonrisa, y acampar entre sus labios. En su boca. A pasar despacio los dedos por encima del hueso de sus caderas, y quedarme dormida contra su hombro. Contra sus sueños.
Y mientras, sujetaré fuerte la taza llena de café sólo, viviré del vaho que desprende, y pensaré en sus manos contra mi cuerpo. Recordaré.

Su sonrisa.

Soy la mirada furtiva que baila en sus ojos. Que se deja absorber. Me pierdo en su mirada, y aparezco en sus labios, como un susurro. Ojalá en su mente.
Me despista con cada suspiro, le echo de menos si se va. Si desaparece. Y desaparece.
Le miro irse con el corazón lleno de su voz, de sus gestos. Lento. Despacio.
Seamos nuestros. Que me abrace. Me mire a los ojos y me bese despacito la nariz. Despacio. Que me acaricie el cuerpo como aquella noche. Despacio. Sin pararse a pensar. Así quiero que me mire. Sin pensar. Sin hablar. Sin dudas. Despacio y profundo. Su sonrisa.
 Quiero su sonrisa contra la mía. Quiero sus pensamientos contra los míos. Sus palabras. Quiero ser un trozo de su mente, parte de sus silencios. Aparecer de repente. Sin avisar. Sin que lo espere. Que crea en mí. En nosotros. Por que somos únicos. Me gustas. Lo sabes, creo. Me gusta que vengas a pedirme un beso al despedirte de mí. Con una sonrisa. Tan tú. Tímido. Tú. Me gusta besar despacio tus mejillas ásperas, mirándote a los ojos. Y odio ver como te vas, sin girar la cabeza hacia mis ojos por última vez. Pensando. Cuándo. Te quiero cerca y te quiero pronto. Te espero.